Una tarde de claridad

Existen días en dónde la claridad es inexistente y sólo el caos habita tu cabeza. ¿Qué hacer en medio de palabras que te invaden y que no logran tener sentido? Son serpientes en tu cabello, les corto la cabeza y vuelven a crecer. A veces sólo necesitas tijeras que corten el dolor. Hoy no es uno de esos días. Hoy sólo los recuerdo.


La tarde de hoy no me gusta. El sol se escurre por las paredes y quema la piel. Si caminas en las calles, tus suelas podrían quedarse pegadas. Parece que la desesperación llega a las almas atormentadas, a los locos que no escuchan más que las voces su cabeza. Me he quedado sola. No sé escuchar las voces de los otros. Si pudiera cortar las serpientes de mi cabeza…


Mi madre me ha hablado por teléfono, quiere venir. ¿Para qué? Se sentará a mi lado para decirme lo que no hecho o me falta hacer. Me dará un poco más de dinero para que tenga la oportunidad de hacerlo. No me interesa. No me interesa nada.


Hoy fue un día bueno, pude escuchar las palabras que amontonan en mi cabeza. Me dice que me encierre en el baño y lo haga. ¿Por qué no hacerlo? Que mi madre me encuentre aquí. Nada me importa.

Se escucha que tocan la puerta.





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