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Alicia y la fogata

La primera noche que Alicia caminó al bosque lo hizo con los ojos abiertos y dejando marcas en el suelo para poder recordar el regreso a casa. 

Como le indicaba la voz que resonaba dentro de su cabeza, siguió el sendero, al llegar al final vio de lejos una luz llena de fuego que se acercaba a ella pero no quemaba nada a su alrededor, se acercó hasta tocarlo pero de pronto todo se volvió negro y perdió el conocimiento.



A la mañana siguiente despertó en su cama, sus pies estaban manchados de tierra y sus manos cubiertas de sangre. El miedo la dominó por unos segundos hasta que de nuevo la voz se volvió a hacer presente en su mente para tranquilizarla. 


Ella le explicó a la chica cómo curar su cuerpo, le enseñó qué hierbas de su jardín cosechar y cómo limpiar sus pies con sal para que siempre recordaran el camino de vuelta a su lugar seguro, así, al cabo de dos noches, Alicia se sintió segura para volver. 


 

La segunda noche que caminó al bosque lo hizo con los ojos vendados y los pies descalzos, la voz le indicó que la tierra le indicaría el camino y que esta vez no importaba nada, no tenía que ver lo que pasara en el bosque, sólo tenía que escuchar lo que se le tuviera que decir ahí. 


Alicia caminó tranquila, bajo la venda sus ojos estaban cerrados y sus pies caminaban casi sin ninguna instrucción suya, era como si toda la tierra y las ramas la cargaran hacia adelante como un par de manos que cargaban su cuerpo guiándola hacia lo más oscuro del lugar. 


No sabía si se había desviado del sendero, pero confiaba en la voz que ya se había hecho presente dentro de su cabeza por tantos días que parecía cercana. En un momento sintió nuevamente el fuego, había llegado a esa eterna fogata que no quemaba nada a su alrededor. 


“Siéntate” - le indicó la voz en tono grave y profundo. Ella obedeció. Tomó asiento en una rama sobre el suelo y comenzó a escuchar. Las voces que recorrían a su alrededor provenían de mujeres, parecían rodearla y entrar a su mente sin siquiera tocarla, sintió como si flotara, como si ellas la pudieran levantar y ahí en el aire le hablaran en una lengua que ella no conocía, pero que de alguna forma la entendía. 

Alicia se vio tentada a quitarse el vendaje, puso una mano sobre su venda para quitársela pero inmediatamente unos dedos totalmente negros que semejaban una rama quemada, la sostuvieron con fuerza impidiéndole ver más allá que esos huesudos dedos negros y sintió cómo su cuerpo volvía a bajar a la superficie. 


La chica quiso llorar decepcionada al sentir que les había fallado, pero la voz volvió a apoderarse de su cuerpo haciéndola sentir en paz. De nuevo, todo se desvaneció y a la mañana siguiente amaneció en su cama. 


 

Habían pasado tres noches seguidas sin que Alicia escuchara la voz en su cabeza, la desesperación la estaba matando. Caminaba dando círculos por su casa, se sentía atrapada, inclusive había considerado volver sola al bosque a buscar a las chicas, a alguien allá que la pudiera guiar, sin embargo, cuando estaba a punto de cruzar el umbral que dividía su casa del bosque, un dolor muy fuerte se apoderó de sus pies haciéndola volver. Así Alicia aprendió que aquella voz tiene poder y exige una obediencia de su parte.


La voz, ahora más grave y más profunda, le advirtió que todavía no estaba lista; sin embargo le indicó una lista de cosas que podría hacer para prepararse y poder volver. 


La chica tomó nota de lo que requería: Debía tomar un baño en tina utilizando sal de grano y cubriendo toda la habitación con el humo de un sumerio, esto limpiaría su cuerpo de todo el mundo terrenal y la energía que carga con él. 

Posterior a esto, una vez que su cuerpo estuviese limpio por fuera debería limpiarlo por dentro, para ello prepararía un té con un par de hongos que crecen en la orilla del bosque, la voz, de igual forma advirtió que este segundo paso es el más peligroso ya que no sólo limpiaría su cuerpo de impurezas, sino que también la ayudaría a curar su mente. El té es tan poderoso que tiene la facultad de entrar a su inconsciente y sacar de ahí toda la oscuridad que le impida entregarse al bosque. Alicia siguió los primeros dos pasos. 

El terror que experimentó no tenía precedentes, sin embargo, una vez que el té salió de su sistema, regresó y se encontró a sí misma sin miedos que la detuvieran en su camino. 


El último paso, informó la voz, era desnudarse totalmente y cruzar el umbral del bosque justo al anochecer. Esta instrucción parecía sencilla, sin embargo nada le informó que iba a ser el más difícil ya que a cada paso que daba, el mundo humano la regresaba a gritos, la jalaba de vuelta y la hería tratando de tirarla, Alicia peleó con todo lo que tuvo, hasta llegar a la fogata con un cuerpo vacío, una mente limpia y su piel cubierta en su propia sangre. 


Por primera vez lo vio, estaba frente a ella el cuerpo que encarnaba la voz que la guiaba, era una criatura enorme y completamente negra; parecía estar hecho de humo y a su vez de dolor. Él abrió la boca, parecía que iba a gritar, Alicia cerró los ojos y escuchó cómo de él provenían gritos de terror. La chica comenzó a temblar con miedo pero estaba decidida asi que, dio un paso adelante y se dejó devorar por él. 


Tras una mordida la chica se convirtió en parte del bosque, se volvió una con las copas de los árboles y se unió a los espíritus que siempre mantendrían la fogata prendida y lista para proteger al inframundo de aquellos que quieran conocerlo. Sin saberlo, donó sus miedos a un ser más poderoso que los usaría para defender la noche, regaló su sangre a las hierbas que crecerían para sanar a los débiles y donó su piel para dar cobijo a todas las chicas quienes huyendo del mundo de los humanos, se encuentren en esta fogata buscando un lugar seguro.





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