• Edgar, el coleccionista

Una Granja de Gusanos

Entré a mi oficina para archivar unos documentos, y disponer de mi día libre. El sonido del teléfono me hizo intuir que la jornada no tendría la tranquilidad que esperaba. La llamada era de un colega del pueblo vecino, Horacio, quien me pedía que me acercara urgente a la comisaría, donde estaba arrestado.

Sin demorarme en preguntas, le dije que iba para allá. Desistí de la oferta de Tristán, mi ayudante, para acompañarme y conducir el coche. Que al menos él tuviera un día pacífico.

Al llegar, me recibió un comisario al que conocía, por haberlo visto al asistir en uno de los casos de Contreras.


-El detenido no ha querido pedir un abogado, Edgard. Dice que usted intercederá por él, y que nos explicará que nada malo hay en su contra.

-¿De qué se lo acusa, exactamente?

-Es algo complicado. En primera instancia, de disponer en forma indebida de los cuerpos que se confió como funerario para cumplimentar el protocolo pertinente.

´´De contaminar el medio ambiente almacenando clandestinamente material cadavérico, y enterrarlo ilegalmente.

´´En realidad, Edgard, creo que su amigo necesita urgentemente ayuda psiquiátrica. Cumplimos en permitirle llamar a alguien. El tema es que recibimos quejas de los vecinos, que decían que en el galpón contiguo a la funeraria de Horacio había un olor nauseabundo, y que el hombre negaba o rechazaba los comentarios. ´


Tuvimos que interceder. Nos atendió muy bien, diciéndonos que la gente no entendía que los tiempos habían cambiado, que era momento de reciclar, de aprovechar todos los recursos. Que él lo había comprendido con Estela. -Estela era su esposa. Falleció de cáncer hace un año. -Nos lo comentó. El punto es que cuando ingresamos al lugar, el olor casi nos hace desmayar.

Con una sonrisa muy feliz nos dio la bienvenida a ´su granja´. En el galpón había innumerables barriles, y abrió uno para mostrarnos su contenido.

Varios nos tuvimos que alejar para vomitar. Estaban ocupados con restos humanos putrefactos que hervían, literalmente de gusanos gordos y repulsivos.

Para mi absoluta sorpresa, Horacio, me dijo alegremente:

-Llegaron justo para el momento de recolección: ahora es cuando se retiran las larvas, en su tamaño adecuado para su consumo, y se puede desechar el material de cultivo en el campo trasero, fertilizando la tierra para hacerla más potente.

-¿Qué hace con los bichos?

-Los consumo. Son una fuente riquísima de proteínas. Un alimento excelente. ¡Y le cuento que son riquísimos!

El comentario generó una vomitona general, lo que disgustó a Horacio, pero no le quitó el entusiasmo en seguir con su exposición.


-Veo que hay muchos prejuicios a respecto. Los prejuicios son hijos de la ignorancia. Miren la pulcritud con que se almacenan los productos, y juzguen por sí mismos.


Entonces nos mostró un sector del galpón con muchísimos congeladores, donde había cientos de bandejitas con esos horripilantes gusanos envasados como emparedados, con film transparente. Hasta tenían etiquetas con fecha de elaboración y vencimiento.


-¿Vieron caballeros? Todo en regla, listo para registrar mi producto y comercializarlo.

´´El proceso de elaboración no es más ni menos impresionante que lo que se puede observar en un matadero. Pero aquí no hay crueldad. No se mortifica a ningún animal con hacinamiento o dolor. Y el producto final obtenido, es de alto valor alimenticio. Se indignó cuando lo llevamos. Por favor, Edgard, hable con él, y convénzalo de buscar un abogado, y la ayuda médica que requiere.


Me llevaron a la sala donde me esperaba Horacio.

-¡Hola, querido amigo! He venido lo antes posible.

-¡Gracias, Edgard! ¿Te comentaron el motivo de mi detención? ¡Es increíble!

-No lo sé, Horacio. No es legal lo que estás haciendo. Dispones en forma indebida de los cuerpos que te confiaron para velar, y entregar para su entierro...

-¡Pensé que tú me entenderías! ¿Recuerdas lo que siempre decía Estela, acerca de que la muerte no era un impedimento para prolongar la vida de los que quedaban?

-Por supuesto. Pero ella, mi querido amigo, se refería a la donación de órganos. Fue una gran mujer, y concientizó a mucha gente a respecto. Su fallecimiento fue un golpe terrible para todos los que la apreciábamos.

-Lo sé. Me apoyaste mucho en ese momento tan oscuro. Pero al fallecer de cáncer, no se pudieron donar sus órganos. No pudo concretar su deseo de brindar otra oportunidad al prójimo.

´´Me quedé con un sentimiento de culpa, de deuda con ella. Así que me puse a estudiar todas las posibilidades, teniendo en cuenta el proceso que sigue a la muerte. Me adentré en el tema de la entomología, y descubrí larvas comestibles, ricas en nutrientes, y experimenté mucho, logrando infectar los cuerpos con esa especie, para brindar un beneficio a la humanidad, como Estela hubiera deseado.

´´Mira, Edgard: tengo la última carta de ella, con su mensaje de amor, no solo hacia mí, sino para la humanidad entera. Tenla tú. Posiblemente te sirva para hacer entender mi causa, y viralizar su benévolo mensaje.

-Gracias, amigo. La guardaré como a un tesoro. Pero, por lo pronto, urge sacarte de esta situación. ´´Está muy claro que la muerte de tu esposa te afectó demasiado, y en este momento, debes reflexionar con la ayuda de un especialista sobre el tema. Debes confiar en mí, y permitirme buscarte un abogado, y un médico.

´´Comprendo tus buenos propósitos, pero vas por un camino equivocado. Ten fe. Pronto encontrarás la senda correcta. No te dejaré solo.


Horacio me miró con profunda decepción. Pero vi una pequeña luz de entendimiento en sus ojos tristes y confundidos.

Nos despedimos con un abrazo, y me ocupé de que recibiera la atención indicada, y que no se divulgara la espantosa historia de la granja de gusanos.

Me encargué de administrar su funeraria, para que tuviera ingresos durante su tratamiento. Y de que cada cuerpo siguiera su camino normal. Nada de novedosos reciclajes. A la carta de Estela, la hice llegar a los medios de comunicación, para concientizar sobre la importancia de donar órganos.

Luego, formó parte de mi colección.

El papel brilla en la oscuridad, y sus letras parecen escritas con oro fundido. Supongo que es la bondad y los nobles deseos que emiten la energía de quien la escribió.


Los saludo, amigos, recomendándoles no buscar formas extremas de reciclaje, al menos con cadáveres, y los espero en La Morgue, para compartirle mis historias y mi colección.






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