TRICOFAGIA

Mi amada Aurora me contó el trastorno por el que un allegado al grupo de seguidores de la Pacha Mama pasó con gran padecimiento.

Álvaro era un muchacho que tenía una vida normal.

Gustaba de disfrutar la noche y sus placeres. Iba de fiesta en fiesta, y de cama en cama.

A la vez, estudiaba y trabajaba. Recurría a energizantes para aguantar su ritmo sin caer en drogas, a las que le tenía terror.

Además, consumía grandes cantidades de café para aguantar sus trasnochadas, y rendir tanto en su empleo de medio tiempo, como en sus clases.

Cuando empezó a sentir dolores y malestares abdominales, le echó la culpa al café, e incluso se planteó poner un parate a sus parrandas, pero cuando llegaba el fin de semana, o tenía en mente una muchacha bonita, se le olvidaban sus propósitos, y continuaba de fiesta, tomando algún calmante para su molestia.

Pero llegó un punto en el que el dolor se volvió insoportable.

Tuvo que excusarse en el trabajo, cuando comenzó a sentir náuseas.

Al entrar, muy descompuesto a su casa, corrió hasta el baño para vomitar, pero no consiguió llegar: expulsó, en medio de su sala, una asquerosa bola de pelos, del tamaño de una pelota de tenis.

Horrorizado, llamó a un médico amigo de su familia, que asistió rápidamente para auxiliarlo.

El doctor, no bien observó la horrenda pelambre vomitada, le dijo a Álvaro:

Muchacho, creo que tienes que ver a un psicólogo. Esto es un caso típico de tricofagia. Gracias a Dios que expulsaste eso, porque puede causar daños muy severos a tu sistema digestivo…

¿Trico… qué?

Hablo de un trastorno en el que te sientes impulsado a comer tu propio cabello. Quizás hasta te cueste admitir que lo haces, porque es una especie de compulsión. Por eso hablaba de un psicólogo…

¡Yo no como me como mi pelo, doc!

Te dije, cuesta admitirlo…

¿Pero acaso no ve que yo soy rubio, y ese pelo asqueroso es castaño?

¡Mierda! Es verdad… ¿No estarás comiendo cabello ajeno?

¡Qué asco! ¡Por supuesto que no!

Mira: a veces ocurren cosas que van más allá de la ciencia. Conozco a un miembro de un culto, amigo también de tu familia, que quizás te pueda ayudar. Es tu primo Hernán.

Yo te voy a dar un certificado para que presentes en tu trabajo y estudios, y un calmante gástrico. Si te vuelve a ocurrir, y quieres seguir el camino médico, me llamas, y te hago internar. Esto no es algo que pueda manejar solo desde una consulta…

Álvaro se quedó lleno de interrogantes.

No bien pasó su malestar, volvió a sus rutinas.

A los pocos días, el dolor casi lo hace desmayar, antes de acostarse, y doblado en dos por los espasmos de las arcadas, expulsó una bola de pelo aún más grande que la anterior.

Horrorizado, observó la repugnante masa peluda, sin saber qué acción tomar.

Cuando varios días después se repitió el episodio, vomitó una abominable masa pilosa que, sobrepasando su espanto, comenzó a reptar, emitiendo un sonido chirriante, como el de una tiza trazando una línea, siendo apretada con fuerza sobre un pizarrón.

Se desmayó de espanto y repulsión.

Para su desesperación, al despertar, con un golpe en la cabeza, de su desmayo, descubrió que la cosa peluda no estaba: había aprovechado su inconsciencia para esconderse vaya a saber dónde.

Revisó cada rincón de su casa, sin encontrarla, y tuvo una horrible noche de insomnio y terror.

No bien amaneció, se contactó con Hernán, contándole todo por teléfono. Su primo lo citó directamente a un lugar de la zona serrana, sin dudar una palabra de lo que había escuchado.

Acudió a la cita, algo avergonzado por el tiempo en que no se había contactado con su primo, pero él lo recibió con gran calidez en su casita serrana.

Después de ponerse al día socialmente, fue directamente al grano, mientras tomaban un refresco:

Te voy a llevar con un Chamán, amigo de Aurora, la líder del culto. Seguro te podrá ayudar.

Suena como una especie de secta…

Pues no lo es. Todos son gente que busca conectarse con la naturaleza, volver a sentir la energía de la madre tierra. Confía en mí.

Se llegaron con el auto de Hernán, por un camino de tierra bastante apartado, al rancho del Chamán, pulcro e impecable, pese a su rudimentaria construcción.

Hernán le refirió al Chamán el problema de Álvaro.

El hombre apoyó sus morenas manos sobre la cabeza del joven, quién sintió una especie de descarga eléctrica bienhechora, y sin poder explicarse por qué, comenzó a llorar.

Esto es muy buena señal, muchacho. Has hecho daño, pero no eres de naturaleza malvada. No podremos expulsar el mal hasta que no admitas tu pecado, que es el causante de tu padecimiento.

Pero… yo no soy una persona que guste de andar dañando a los demás. Estudio, trabajo, busco progresar… Solo me gusta salir de parranda, pero eso no tiene nada de malo.

A lo sumo, puedo admitir que soy un mujeriego, y que fui el causante de varias rupturas amorosas. Me he liado con chicas casadas o con novio…Pero fue con el pleno consentimiento de ellas…

Una puntada de tremendo dolor interrumpió su relato. Sus náuseas y arcadas se le volvieron insoportables, y ante la vista del Chamán, vomitó una abominable bola de pelos del tamaño de una sandía, que comenzó a reptar y chillar con el sonido espeluznantemente agudo y chirriante. Para coronar esa visión infernal, unos saltones ojos rojizos se abrieron en la masa, y emergieron dos pinzas aserradas en la parte frontal de la horrible cosa.

Álvaro y Hernán gritaron de terror, pero el Chamán, sin inmutarse, con sus manos tendidas hacia la abominación, que se movilizaba dejando un rastro baboso, le habló con tranquilidad:

Te pido humildemente que te calmes. Te daré tu recompensa, no bien obtengas la disculpa de tu agresor…

El horripilante ser chilló con furia, pero el Chamán ya le había tirado encima una sábana, envolviéndola, y rezando una letanía acompañada de movimientos de sus manos, consiguió que el ente se quedara quieto.

Claramente, Álvaro, alguien ha realizado un trabajo de magia negra sobre ti. Pero lo ha hecho como venganza por una terrible mala acción tuya.

Sé que no eres mala persona. Pero cometiste un error. Es tu momento de repararlo.

Habla, sé un hombre de verdad…

¡Sí! ¡Admito que obré muy mal aquella vez! Mi machismo pudo más que mi sentido común…

Yo estaba loco por una chica, Emilse, que estaba de novia con un amigo.

La cortejé sin éxito durante meses, mientras, a la vez, salía con otras mujeres.

Pero insistí mucho con ella, porque realmente era especial para mí.

Un día, sin creerlo, casi, conseguí salir a escondidas con ella, y llegamos a tener relaciones.

Yo estaba muy feliz: era la primera vez que me sentía enamorado, y con ganas de estar con una sola mujer de ese día en adelante. Pero ella me dejó en claro que había cedido a la tentación del momento, y que no pensaba dejar su relación con mi amigo, con quién pensaba formar una familia más adelante. Acostarse conmigo, me dijo, fue una prueba para darse cuenta de que no cambiaría a su novio por nadie, a pesar de lo bien que lo habíamos pasado juntos.

Me pidió que siguiéramos siendo amigos, y, que por supuesto, guardara el secreto por caballerosidad.

Luego se dio la vuelta y se durmió plácidamente.

Yo no podía creer lo que escuchaba. Por primera vez me sentí usado y defraudado, con el corazón roto.

No pude dormirme. La rabia y los celos me consumían. Así que hice algo de lo que ahora me arrepiento.

Emilse tenía una melena preciosa, larga y sedosa, que llevaba recogida en una trenza de costado.

La observé cómo descansaba tan tranquila, disfrutando del sueño luego del coito, y con furia saqué una navaja de mi mochila, y le corté la trenza.

Me fui del hotel, y no bien amaneció, le mandé por correo la trenza a mi amigo.

Obviamente la relación entre ellos terminó virulentamente, y ninguno de los dos quiso verme nunca más…

Ahora estoy muy arrepentido. Fue muy malvado lo que hice…

Pues pídele disculpas a Emilse, dirigiéndote a su mascota vudú dijo, señalando a la cosa que yacía retorciéndose bajo la sábana.

Álvaro tragó saliva.

Temblando, se puso de rodillas, y llorando, le pidió perdón a Emilse.

La mascota vudú se calmó.

Una cosa más, y terminamos.

El Chamán tomó un filosísimo cuchillo, y con él rapó a Álvaro. Juntó el cabello, y levantando la sábana, se lo dio a la cosa.

Se escucharon repugnantes sonidos de deglución.

Puedes irte en paz, muchacho. Espero que no vuelvas a jugar nunca más con los sentimientos ajenos.

¡Por supuesto que no! ¡Nunca más en mi vida! ¿Le debo algo por su valiosa ayuda?

No, pero si quieres, puedes hacer una donación en la escuela de la zona. Tiene muchas carencias, y no vendría nada mal un poco de dinero para la educación de los niños…

No bien se fueron los muchachos, con un Álvaro conmocionado, y un Hernán más creyente que nunca en el poder de la madre tierra, el Chamán se comunicó con Aurora, contándole la experiencia, y dándole la mascota para que yo la tuviera en mi colección.

Y allí está, en una gran pecera de vidrio con tapa, en uno de los estantes.

Generalmente parece una masa desagradable de pelo muerto. Pero si se acerca alguien con malas intenciones amorosas, despierta de su letargo, chillando horriblemente, abriendo sus globulosos ojos coléricos, y moviendo sus filosas pinzas frontales.

Como ustedes son buena gente, sé que no tendrán ningún problema en pasarse por La Morgue, para ver a la mascota vudú de Emilse.

Los espero.

Buen fin de semana.

Edgard, el coleccionista

@NMarmor

Imagen de Pinterest





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