• La Chica Llamada Cuervo

Sangre

Lucía le temía a la sangre; el simple hecho de pensar en ella le causaba escalofríos, sin embargo, el tema la obsesionaba.

Había estudiado todo lo que tenía que saber del tema y la idea de que se tratase de un tejido vivo la aterraba todavía más: se imaginaba llena de un ser vivo con su propia consciencia recorriendo su cuerpo y llenando sus órganos a su gusto.

Cada que llegaba a cortarse, el ver la sangre la hacía desmayarse en ese momento al imaginar que ese ser se salía de su cuerpo y podía tomar su propia forma.


Los días seguían y así también avanzaba la obsesión de Lucía

El 80 % de la sangre es agua y un 20 % son sustancias sólidas

Se repetía a sí misma a diario, cada vez más seguido intentando convencerse de que la sangre no la podía lastimar, pero la sangre nunca la iba a abandonar. En momentos, su cerebro se llenaba de ideas que para ella parecían ajenas, entonces entendía que había sido la sangre quien la estaba convenciendo de hacerse daño, la sangre quería salir de su cuerpo. En momentos trataba de dialogar con ella, pero era inútil, cuando trataba de hablar con su sangre ella comenzaba a gotear por su nariz, por sus ojos e incluso por sus labios, todo su cuerpo la expulsaba y así es como Lucía sabía que tenía que terminar el diálogo.


En una noche, tras haber agotado todos sus recursos para tratar de negociar con su sangre, Lucía entendió que la única forma de liberarse era dejarla ganar: llenó su tina de agua caliente y se recostó ahí, con una fina navaja dibujó una línea recta sobre sus muñecas y dejó que la sangre saliera lentamente. Era como sentir agua caliente sobre la piel. La sangre salió y se multiplicó, ahora estaría fuera conquistando el mundo que ella jamás dominó y dejaría por fin su cuerpo vacío para que encuentre paz.



Cuando el cuerpo de Lucía llegó a la Morgue lo primero que tuvimos que curar fueron las cicatrices, seguían abiertas y ahora salía de ahí agua. Mantuvimos su cuerpo vacío, sólo lo rellenamos de algodón para que mantuviera su forma y así Lucía nos pudiera acompañar más tiempo como una muñeca que le teme a la sangre.



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