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Las Cinco Visitas

En toda su vida Nelly sólo vio 5 veces al fantasma, sin embargo, esas fueron suficientes para dejar una huella incapaz de borrarse.


I

La primera fue cuando era niña.

Acostada en su cama, un ligero sonido fue suficiente para que Nelly abriera los ojos y viera esa movimiento casi inperceptible en la pared.

Ahí, en la total oscuridad de su habitación, Nelly pudo distinguir una mano saliendo de un horificio de su pared, vio sus delgados y largos dedos mientras impulsaba todo su cuerpo fuera. Era una mujer dijo Nelly a todos los que escucharon su historia, sin embargo, gracias al miedo que la invadió en ese momento, se obligó a cerrar los ojos y no pudo ver más detalles sobre ella. No abrió los ojos ni aun cuando escuchó sus pasos acercarse a su cama, ni mucho menos cuando sintió su peso acostándose a su lado; no, Nelly se forzó a sí misma a dormir lo más profundo que le fuera posible para olvidar esa presencia.

 

II

La segunda visita ocurrió durante su adolescencia.

Llevaba años sin ver al fantasma, tanto que ya empezaba a dudar de su propia vivencia. Ya había dejado de contar la historia que decía de niña, y ahora, Nelly, en el cuerpo de una chica adolescente se encontraba frente al espejo probándose su primer vestido negro. El espejo de cuerpo completo le permitía ver cómo su figura había cambiado.

Se movió por la habitación dando vueltas con su vestido, vio como caía debajo de la rodilla, pero ella lo subía con la punta de sus dedos intentando verlo más corto.

La habitación estaba iluminada sólo con la luz tenue al lado de su cama, sin embargo, en un parpadeo todo el lugar se oscureció. Un escalofrío recorrió a la chica obligándola a cubrir sus ojos con terror, de alguna forma supo que la mujer estaba de nuevo ahí.

La sensación de ser observada y casi tocada por una mano ajena casi la paraliza, sin embargo Nelly no podía con la curiosidad así que aun en el miedo más profundo encontró la forma de mover uno de sus dedos para ver el espejo. La mujer se encontraba ahí detrás de ella, a sólo unos metros estirando su mano para intentar tocarla. Un grito devastador rompió el silencio y de nuevo volvió la luz a su habitación. III

La tercera visita se dio a lugar cuando Nelly cumplió veinticinco años. Habían pasado diez años desde que la chica había visto al fantasma y por más que había intentado comprobar su existencia, era imposible: la mujer no volvía a su voluntad. Los veinticino parecían la edad perfecta para buscar un hogar fuera de su casa, y por ende, una buena oportunidad para dejar al fantasma detrás. Su familia había organizado una fiesta de cumpleaños para despedir a su hija y todos los invitados asistieron a la casa que antes habían escuchado en historias de la chica donde aclamaba que era un lugar embrujado. La fiesta terminó sin ningún incidente, arriba, en la habitación, sus cosas ya estaban guardadas en cajas de cartón, esta iba a ser su última noche ahí.

Nelly entró a la habitación, el espejo estaba cubierto por una tela y su cama totalmente despejada. Se recostó y en cuanto cerró los ojos volvió esa sensación que tanto temía. Abrió los ojos y vio a la mujer parada al lado de su cama, su mano estaba recargada en la cabecera y acercaba su rostro. Por primera vez la vio. Era una mujer mayor, su rostro estaba lleno de arrugas y sus ojos eran tan oscuros que no podía ver nada de vida en ellos, sólo un profundo abismo que parecía absorberla. Esta vez no cerró los ojos, la vio y comenzó a llorar, era real, tan real como la primera vez que la visitó de niña, la miró fijamente hasta que se perdió en la oscuridad de sus ojos.

A la mañana siguiente salió de la habitación decidida a jamás volver. Esta ocasión, Nelly no le contó a nadie sobre esta visita.

IV

Habían pasado veinte años desde la última visión del fantasma, y este día, a sus cuarenta y cinco años la mujer volvió a pagarla una nueva visita.

Nelly había vivido todos estos años lejos de su hogar, aprendió nuevos idiomas y entendió el mudno de otra forma. Su cuerpo se llenó de vida, misma que perdió a los pocos meses, así, llena de dolor y de luto, decidió nunca ser madre. Recorría un camino muy solitario, sólo la acompañaban sus recuerdos y los libros en sus estantes.

Hasta el momento conocía varias casas que habían servido como su hogar y muchos amantes que habían compartido con ella su cuerpo, pero al final, en la noche, siempre optaba por dormir sola.


Esa mañana, durante el desayuno, Nelly recibió una noticia en su correo anunciándole que su cuerpo se estaba acabando. Se había borrado todo rastro de juventud en ella y más bien, en su interior crecía lo que podía llevarla a la muerte. Es así como sucede, ¿no? dijo ella dirigiéndose a la mujer que había aparecido detrás de su asiento. Ya conocía la sensación, sabía cómo la atmósfera cambiaba cuando esa mujer aparecía en la habitación, pero esta vez no tenía miedo. Giró y la vio ahí, con su cuerpo a medio morir y sus ojos profundamente negros. La luz del día golpeaba violentamente la cocina, y sin embargo no alejaba al fantasma que se posaba frente a ella con la mayor calma.


Nelly se acercó a ella, le acarició el cabello gris y largo, al momento la visión desapareció dejándola sola, aun más sola de lo que había estado esos veinte años.


V

Los médicos habían anunciado su muerte y un pronóstico de cinco años, mas Nelly llevaba diez viviendo con la noticia. Como celebración a sí misma, esa tarde usó su vestido negro, llamando, sin saber, a su quinta y última visita. Nelly sabía, al menos en un nivel muy inconsciente, que al fantasma le gustaban los cíclos y tal vez, tras tantos años de esperar ver un rostro conocido, fue así como la llamó.

Mientras tomaba un vino en el jardín y brindaba por su propia vida, apareció la mujer detrás del tronco de un árbol, asomándose, dejando caer su cabello blanco por la corteza y arrastrando su vestido por el pasto.

Le sonrió, la mujer se acercó lentamente, su piel era casi transparente y tan delgada que parecía romperse con el sol, y de nuevo esos ojos negros la vieron fijamente. Nelly se levantó y estiró su copa hacia ella, el fantasma tocó su mano y poco a poco atravesó su cuerpo. Entró al vientre que llevaba décadas vacío, a sus huesos que se estaban haciendo polvo y a esos órganos que se estaban inflamando tanto que parecía que iban a estallar en su interior.

Nelly la sintió dentro y toda esa soledad se escapó de su vida.

De nuevo se sentó, bebió su copa de vino y escribió una carta de despedida. Ella sabía que este era el último ciclo y que al dormir esta noche iría a un lugar aun más lejos del que podría volver.




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