Fantasmas

Es sólo un recuerdo, nada más - me dije a mí misma mientras veía la sombra recorriendo la habitación -es un recuerdo - las palabras temblaban en mi boca mientras las repetía porque sabía que eso no provenía de mi imaginación.



La casa llevaba años sola y eso me encantaba, siempre había querido encontrar un lugar con "alma" e historia, y así fue, las paredes parecían hablar por sí mismas y yo quería estar ahí para escuchar lo que ellas tuvieran que decir.

Mudé mis cosas, la cama a la habitación principal y los libros a la sala. Estaba tranquila, casi feliz, sonreía, pero no estaba sola y esa sensación me atormentaba.

Me había convencido a mí misma de que los recuerdos me estaban siguiendo y que era sólo eso, no había forma de que alguien más hubiera entrado a la casa, todas las puertas estaban cerradas; sin embargo, la idea de siempre ser vista por alguien me acechaba en cada rincón de la casa, como si me esperaran ahí, en la oscuridad.


Mi abuela decía que la maldición de la locura perseguía a esta familia, que tarde o temprano todos caíamos en sus garras y nos dejábamos desvanecer por ella, no era algo que nos llevara por la fuerza, sino que cada uno de nosotros nos íbamos a entregar ¿era acaso eso? ¿la maldición me estaba acompañando en esta casa? me cuestionaba si sus palabras eran cierto mientras veía una figura oscura sentarse del otro lado de la mesa mientras desayunaba.

La sombra se había multiplicado, ahora eran varias a la vez, pero no me dañaban, sólo estaban ahí abarcando más lugar, inundaban cada cajón de la casa como un río que se llevaba consigo mi sanidad, se acostaban a mi lado en la cama hasta que encontraban su camino hacia mis sueños y es entonces donde las volvían pesadillas.

Las sombras ya no cabían en mi habitación, se amontonaban entre sí mirándome desde ese espacio vacío donde debían de estar los ojos.

Poco a poco fueron tomando forma, se volvieron personas que se deformaban, seres mudos que trataban de gritar tanto que se les caía la mandíbula, los huesos o los ojos, y ahora yo caminaba esquivando partes de sus cuerpos inexistentes.


Los fantasmas, como después decidí llamarlos, se volvieron parte de mi vida, consumieron mi energía y empezaron a transformarse en mí, ahora eran espejos que me seguían por la casa y que me podían lastimar si los tocaba.


Es sólo un recuerdo, nada más - me decía a mí misma mientras veía la sombra recorriendo la habitación -es un recuerdo - las palabras temblaban en mi boca mientras las repetía porque sabía que eso no provenía de mi imaginación y que eran más fuertes que yo.


Con el tiempo se fue la luz en la casa, parecía un gran eclipse que nos escondía del sol y fue entonces cuando los espejos se rompieron y las sombras mostraron sus dientes. No sé si fue la maldición de la que hablaban o si había caído en un hoyo negro, pero sólo sé que por primera vez en mi vida tuve una total certeza: sabía que no estaba sola, que realmente había algo ahí en la oscuridad esperándome, y entonces, me entregué.




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