EL VESTIDO DE NOVIA

EDGARD, EL COLECCIONISTA


EL VESTIDO DE NOVIA


Me sorprendí agradablemente al ver a mi amada Aurora en la funeraria un día en que no la esperaba, pese a que venía acompañada de una joven con un aspecto pálido y enfermizo, tomando con aprensión un paquete entre sus delgados brazos.

—Mi querido Edgard: te presento a Luciana. Tuvo la confianza de compartir conmigo una aflicción que la aquejaba, y yo consideré que estabas en condiciones de ayudarla de algún modo.

—Todo lo que pueda estar a mi alcance, Luciana, queda a su disposición. Siéntese cómoda, mientras Tristán le trae algo para tomar, y cuénteme, por favor.

Luciana solo aceptó un vaso de agua de mi asistente, y no bien dejó su carga apoyada, se dejó caer en una silla frente a mí, comenzando su relato:

—Como Aurora sabe, soy aficionada a comprar cosas en tiendas de segunda mano. Más de una vez consigo verdaderos tesoros a precios muy bajos, casi ridículos, y los vendo en línea con alguna ganancia, que destino a las fundaciones en las que colaboro.

“Así fue como me topé con un bellísimo vestido de novia a unos centavos. Estaba algo amarillento, pero con una lavada a mano con bicarbonato, reviviría su esplendor: el diseño, bordados y finos detalles son espectaculares.

“Cuando lo dejé como nuevo, quedó deslumbrante. No pude dejar de notar que era de mi talla, y me tenté en probármelo. Me quedó estupendo, pero apenas la finísima tela tocó mi piel, sentí un extraño hormigueo, y un frío anormal.

“Eso no impidió, pese a la sensación de embotamiento que me acometió de golpe, que me acercara al espejo a admirar mi figura enmarcada con el atuendo nupcial.

“Una parálisis me acometió al ver mi reflejo: no era mía la imagen que reflejaba el cristal, sino el de una joven muy bella, de tez morena, una catarata de ensortijados cabellos oscuros, y afligidos ojos negros sombreados de espesas pestañas, con un gesto de súplica y dolor tan grandes, que se me nubló de la impresión la conciencia, y solo recuerdo despertarme en el piso, con el vestido aún puesto, luego de un largo rato de desvanecimiento.

“Azorada, ya que nunca me había desmayado, pensé que podía estar agotada por una semana muy cargada de trabajo y actividades extras, donde poco y nada había descansado. Así que después de desnudarme, y guardar cuidadosamente la prenda en una caja, me tomé un calmante y me metí en la cama, aprovechando el fin de semana venidero.

“Fue una de las peores noches de mi vida, señor Edgard. Una pesadilla espantosa, de la que no podía despertarme, me torturó durante mis horas de sueño.

“En ella, yo era el cadáver de la chica que vi en mi espejo. Mi espíritu, el de la morocha, no se quería alejar, porque aún dentro del ataúd donde la velaban, veía a todos flotando fuera de él. Sufría por la aflicción enorme de sus seres queridos, sobre todo, por su novio, que no tenía consuelo.

“Había fallecido no bien transpuso las escalinatas de la iglesia por una súbita aneurisma, pasando del clima festivo de la celebración de un amor hermoso, a una tragedia inesperada.

“Luego, las imágenes pasaron al momento en que dos siniestros empleados de una funeraria, al momento de cerrar el ataúd, trabaron la puerta de la estancia, y decidieron despojar al cuerpo de su vestimenta.

—Venderemos en otro pueblo el vestido y las joyas. A ella no le van a servir de nada.

—A los gusanos tampoco.

“Cuando vieron el cuerpo desnudo de la novia malograda, unos inmundos bajos instintos se apoderaron de los malvivientes, y vejaron el cadáver en forma salvaje antes de cerrar el féretro.

“Me desperté acometida por tal asco, que vomité al costado de mi cama, y me di cuenta de que volaba en fiebre.

“Con las escasas fuerzas que me quedaban, fui a tomar un antifebril, y ahí me percaté, con absoluto horror, de que estaba nuevamente vestida con el traje de novia.

“No sé de donde saqué ánimos para despojarme del mismo, arrastrarme hasta el patio, e intentar quemar la prenda, que, para mi total frustración, resultaba incombustible.

“Me limité, dentro de mi absoluto terror y confusión, a ingerir la píldora para que me aliviara la fiebre que me hacía castañetear los dientes, y me metí, casi desfallecida, nuevamente, en mi cama.

“Desgraciadamente, la terrible pesadilla se repitió con nitidez enfermiza, asqueante, y al lograr despertar, me encontré nuevamente vestida con el infausto vestido.

“Decidí pedir ayuda, y llamé a Aurora, quién vino a asistirme. Me despojó de la prenda, me bajó la fiebre, consiguió hacerme tomar algo, y envolviendo en un paquete el vestido, que solo parecía querer ser transportado en mis manos, ya que se caía de las de ella en forma incomprensible para ambas, me trajo hasta aquí. Edgard.

“No creo poder soportar un día más con esta maldición encima…

—Pues han hecho muy bien en venir. Les voy a pedir que aguarden fuera de la oficina. Deje, Luciana, por favor el vestido acá, y pasen, si desean, al sector de mi vivienda, para disponer de su comodidad.

Con Tristán desenvolvimos el paquete, develando el bello vestido de novia.

Impusimos sobre él nuestras manos al unísono, y se nos apareció la hermosa novia de las pesadillas de Luciana, Maribel.

Vivenciamos el terrible dolor y la angustia de la chica, que guardaba un secreto que no había transmitido a Luciana a través de las pesadillas y visiones.

—Mi pobre y querida niña: en el plano de dolor y sufrimiento en que te encuentras, no sabes que han pasado dos siglos desde tu muerte. Todos los actores de tu drama, ya han fallecido.

“Si te sirve de consuelo, las corruptas almas de los perversos que vejaron tu cuerpo inerte, penan sus culpas en un lugar horroroso.

“Sabemos tu secreto: albergabas en tu vientre un bebé cuando moriste.

“Aunque tu amado novio nunca te olvidó, logró retomar su vida unos años después, y el alma de la criatura que guardabas en tu seno, encarnó en una hija de él, que es la abuela de Luciana.

“Todos los que te amaron respetaron tu recuerdo y lo guardaron como un tesoro. La fuerza de su amor logró que no se perdiera la energía de tu legado.

“Puedes marcharte tranquila, ahora que tu secreto es libre, y que sabes que la vida continuó, superando dolores y angustias.

“Tienes el derecho del descanso eterno en la luz. Luciana, es, espiritualmente, tu descendencia, por lazos de afecto que son irrompibles. Le contaré tu historia, para que rece en tu memoria.

“Libera tus angustias atadas al viejo vestido, y parte, bella Maribel…

Con lágrimas de alivio, el espíritu que convocamos bajó la cabeza, y ascendió en un haz luminoso desprendiendo chispas ígneas que caían sobre el viejo traje de novia, del que huían jirones de sombras, esfumándose en el aire.

Con Tristán, suspiramos aliviados, habiendo liberado un dolor muy antiguo y dañino, agravado por las inmundas pulsiones de dos pervertidos sin escrúpulos ni moral, con el peso de saber que esas cosas perduran al día de hoy, quizá en forma más cruel y retorcida.

Concluida nuestra misión, nos acercamos a las chicas a contarles lo ocurrido.

Más tarde, el bello vestido de novia ocupó su sitial de honor en mi colección, que al agrandarse, requirió un nuevo salón para albergar la gran cantidad de objetos que la conforman, como un museo espiritual que representa lo mejor y peor de nuestra compleja naturaleza humana.

Los saludo, mis queridos amigos, citándolos para que nos encontremos nuevamente en La Morgue. No me fallen…




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