El TERROR es QUEER

Muy buenas noches mis orgullosas criaturas de oscuridad. Aprovecho este mes de orgullo para escribir sobre un tema muy especial. Podrán pensar: ¿Qué tiene que ver el cine de terror con la comunidad LGBTTIQ+? Pues la respuesta seguramente les volará la cabeza ya que muchos de ustedes no conocen la cercana relación que estos dos tópicos comparten.


Desde el nacimiento del cine de género, a pesar de ser en una connotación bastante negativa, ha existido la representación de la diversidad sexual en las pantallas grandes y chicas. Misma que se analiza en el libro "Scream Queer" de Javier Parra, publicado en 2021 por editorial dos bigotes.

En esta obra el autor desgrana la presencia oculta de lo queer desde los monstruos cinematográficos procedentes de la literatura gótica como Drácula, el monstruo de Frankenstein o Jekyll and Mr. Hyde hasta la actualidad.




Lo que sí podemos notar cuando lo analizamos bien, es que la presencia queer en el cine siempre ha estado ligada a lo diferente o lo que iba en contra de lo heteronormativo y en la marcha se convirtieron en los clichés negativos como lesbianas con tendencias psicópatas, vampiros bisexuales o asesinos travestis. Así mismo la evolución de esa perspectiva que hemos visto a través de cientos de películas evidencia que en el terreno de las películas del género y sus clásicos resultaba monstruoso e inhumano la idea de ser distinto a la norma sexual de las diversas épocas en las que algunas de estas películas fueron estrenadas y dotando a sus antagonistas y monstruos de toques, características o esencias "queer".

Gracias a esta (negativa) exposición, se consiguió hacer notar como la diversidad sexual y el horror siempre han estado entrelazados.


El slasher es otro subgénero que se adentrado a explorar mucho más estas tendencias, pues no necesariamente se ha necesitado estar dentro de los 2000’s para estrenar cintas abiertamente gay y homoeróticas con toda la intención de hacerlo. Ahí tenemos una de las películas más polémicas de la saga de Freddy Krueger: Nightmare on elm Street: Freddy’s revenge. Que sin buscarlo dio vida al icono gay slasher y primer scream King del género. Que a pesar de tratarse de la secuela de una de las franquicias más exitosas en el mundo del horror, no fue muy bien recibida por la audiencia gracias a sus muy implícitos códigos y símbolos homosexuales, así como escenas bastante acaloradas que involucran hombres jóvenes, sudor y poca ropa con algunos guiños a la latente epidemia de ETS’s en la década de los 80. Esta secuela fue la misma que daría paso a la creación de un documental completo que lleva por nombre: Scream, queen! My nightmare on elm Street. Que explora como fue la vida del actor Mark Patton por el paso de esta “pesadilla” de producción.



De la misma manera como otro ejemplo tenemos una de las slasher más populares en la comunidad gay: Hellbent del director Paul Etheredge-Ouzts que rescata todos los elementos y características de una slasher común pero llevada con jóvenes gay en su ambiente y cotidianeidad, como la sexualización exagerada, las muertes violentas, un asesino con sed de sangre, etc.

Don Mancini (Chucky) es otro exponente LGBTTIQ muy importante para el cine de horror y slasher.



Antes de introducir una trama abiertamente queer en su serie revival de 'Chucky', Mancini ya jugó con cuestiones de género y diversidad en la alocada secuela: La semilla de Chucky en la que Chucky y su novia, Tiffany tienen un hijo de género no binario al que llaman Glen y Glenda, haciendo referencia directa a la película de Ed Wood y toda su trama secundaria es la del niño muñeco tratando de resolver su identidad de género, una locura en la que convenientemente hay un cameo de John Waters, con lo que podemos imaginar el tono general de la cinta.




Nos leemos en la próxima entrada de #Coffincinema para más terror desde la #Morgue.