• Leanan Sidhe

"Debajo"

10 de marzo 2016


Llevo 32 años en la tierra, soy un humano como cualquier otro con una vida nada fuera de lo ordinario. Me gradué de administración a los 26 años y ahora voy de lunes a viernes a trabajar en una empresa de instrumental quirúrgico, los viernes salgo ocasionalmente de fiesta, aunque no me considero alguien con muchos amigos solo los suficientes.

Quitando lo aburrido que se ha convertido mi vida, hay una sola cosa que me pone a pensar en las noches y me quita el sueño por unas horas. Descubrí hace tiempo que hay ocasiones en las que pierdo el rumbo, algo se apodera de mí y dejo de tener control sobre mi cuerpo, me convierto en espectador.

Es como sentarme a ver una película sin poder meterme al guión, la producción etc. Solo veo pasar la vida frente a mí.

He pensado en pedir ayuda con un psiquiatra pero temo fuertemente que me quieran hacer miles de estudios y que el resto de mis días los pase en un hospital rodeado de enfermos mentales, a decir verdad no creo tener algo realmente malo, me ha dejado seguir con mi vida hasta ahora.


22 de marzo 2016


Hoy me levanté sin mucho esfuerzo, al intentar pararme de la cama mis pies se encontraron con una sensación de un líquido frío y un poco viscoso, creo que ha pasado algo terrible.

Lo que he pisado es un charco de sangre, sigo el sutil caminito que empieza desde mi cocina y termina debajo de mi cama.

Me da miedo mirar y descubrir lo que hay abajo, así que no lo hago, simplemente limpio lo que está a la vista para borrar toda evidencia y me meto a la ducha como cada mañana, tallo con desesperación mis pies para quitar aquella sensación viscosa y fría, pero no lo logro, aunque mis piel se vea limpia la sensación no me abandona.

Se me está haciendo tarde para ir al trabajo pero no creo poder concentrarme, las imágenes de sangre por todo el piso las tengo muy presentes en mi mente, así que intento llamar para decirles que me encuentro enfermo y que no podré acudir por el resto del día, pero nadie contesta, al parecer la línea está ocupada.

Quisiera recostarme un rato pero saber que hay algo debajo de mi cama me perturba, así que voy a la cocina por un poco de whisky con ginger ale y unos hielos.

Lo bebo como agua, cada vez me siento más intrigado y empiezo a notar que estoy sudando excesivamente.

No puedo más con la duda.

Saco un cuaderno para anotar exactamente lo que recuerdo de ayer, para mi fortuna descubro que como cada día de la semana fui al trabajo, regresé a casa temprano para ver un poco de televisión y me puse a leer algunos capítulos de una novela que me pareció interesante hace unas semanas.

Después de eso me fui a la cama y puse el despertador como cada día de la semana.

Eso es todo, no tengo nada más en mi memoria, estoy aterrado.

Podría acabar de una vez por todas con esta intriga si simplemente me animo a mirar lo que hay debajo.

Pero no lo hago, sigo bebiendo mientras analizo si lo mejor es que llame a alguien más, alguien de confianza.

Volteo a ver el reloj de mi pared, su tic-tac constante no me deja tranquilo, parece que me está consumiendo, no puedo más con esto, debo hacerlo, debo mirar.

Entro a mi cuarto pero lo noto distinto, ya no es aquel lugar que me daba tanta tranquilidad después de un día ajetreado, ha dejado de ser mi lugar preferido y ahora solo siento frío y oscuridad. Me acerco con cuidado haciendo respiraciones largas y pausadas, debo estar lo más tranquilo posible.

Me agacho, pongo solo una rodilla en el suelo por si debo salir corriendo.

Estoy listo. Levanto las cobijas que cuelgan de mi cama para poder ver debajo y…. y….ahí está, mi cuerpo, frío y sin una señal de vida. Corro al baño para poder mojar mi cara, ¡Es un pesadilla!, debe serlo, me doy cachetadas esperando no sentir nada para corroborar que estoy soñando, pero en efecto no siento dolor alguno. ¿Qué ha pasado?, voy a la sala para buscar más pistas y me encuentro con la libreta en la que estuve anotando hace rato los hechos del día anterior. La leo varias veces pero no encuentro nada, al querer arrancar la página me doy cuenta que ya había arrancado una hoja con anterioridad, ¿Dónde estará?, doy vueltas por todo el apartamento hasta regresar a mi cuarto, mi mirada examinan toda el área hasta que encuentro un sobre encima de mi mesa junto a la novela que ayer estaba leyendo.

No puede ser… ¿Qué fue lo que hice?

Abro el sobre y empiezo a leer lentamente:

“Papá, mamá, seres queridos,

No he querido hacer de esto un embrollo pero hace años que no me encuentro bien, me he percatado que me he vuelto una máquina, un robot, la rutina del día a día me está consumiendo y no tengo intensiones de buscar más respuestas. Me pongo a pensar en todo lo que podría hacer para cambiarlo pero no hay nada que me ate al mundo. Lo intenté, juro que lo hice, terminé la carrera como se tenía que hacer, conseguí un buen trabajo, me volví independiente y estaba viviendo la vida que muchos llevan, pero eso nunca me bastó. Lamento dejarles el dolor de mi muerte, sé que es algo muy inesperado y que los seguirá atormentando por el resto de sus vidas pero quiero que entiendan una cosa, lo hice para mi tranquilidad, quiero que piensen en eso, no hay nada más en la vida que me hiciera feliz, así que busqué mi propio camino, no puedo decirles que llorar está mal, sé que lo harán y sé que me estarán recordando, pero tengan presente que fue mi decisión, quise salir de la rutina y así lo logré. Por favor tomen de mi cuenta de ahorros para el entierro y todas esas cosas, no quiero que gasten ustedes, lo he planeado desde hace tiempo, encontrarán la cantidad suficiente para todo.

Los amo con todo mi ser, siempre que me recuerden los estaré abrazando con tanta fuerza como lo hice en vida.

Con amor Mauricio”

Vuelvo a poner la hoja en el sobre y la dejo como estaba, ya está, mi curiosidad acaba de matarme. Me agacho de nuevo para ver mi cuerpo una vez más, se ve tranquilo, podría pensar que morí sonriendo pero no es así, me examino para saber cómo lo he hecho, encuentro cortadas en ambas manos, en las piernas, también me apuñalé en el vientre, vaya forma de matarme, ni siquiera recuerdo que haya sido doloroso.

Observo mi cara por unos instantes y me acerco para cerrar mis ojos, “Lo siento amigo”.

Salgo de ahí, no tengo algún rumbo, ¿Quién se supone que recoge a las almas? ¿Dios?, nunca creí en ese tipo, bueno, creo que tendré que vagar por éste mundo un rato más. Vaya día…

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