Alguien prenda la luz

Sobre la mesa un escalpelo, el hombre junto mira intensamente el cuerpo de la mujer. Lleva meses sin ser identificada. El cuerpo ha sido sometido distintos procesos de embalsamiento. Algunas partes de cuerpo comienzan a reventarse. Este hombre no es un embalsamador ni siquiera sabemos de dónde ha salido. La mujer llora en las noches y la cara se le hincha un poco más cada día. Ya no es hermosa. ¿Por qué no esperar a que llegue un nuevo cuerpo y disfrutar en él lo que ese mórbido ya no soporta?


Ese hombre llega todos los días en punto de las seis de la mañana. Se retira unas cuantas horas. Apenas le da tiempo de desayunar. Vive entre muertos. No recuerdo mucho la vida en ese otro mundo. Los muertos tenemos memoria. Algunas de corto plazo, otros, jamás olvidan.


De mí sé que es la muerte es la que me dio un sentido de vida. Antes de ella no recuerdo nada. No sé por qué estoy aquí, pero escucho todas las noches las voces de una mujer. Sé que hay portales que unen el mundo de los muertos y los vivos, que cada determinado tiempo se abren y que necesitan de un cuerpo para cruzar ese puente. Sin embargo, muchos desconocen que existe un intermediario entre estos dos mundo que permite ese libre tránsito. Yo soy uno de ellos.


El portal se ha abierto en el lugar equivocado, por eso esas mujeres terminan aquí adentro. La furia hace más grande a los espíritus y los convierte en demonios. La Señora V se encuentra próxima a convertirse en uno. No sé qué pasaría si esto sucediera. ¿Podría detener yo a un espíritu tan fuerte? Nadie me ha enseñado esto.


No soporto el llanto de esa mujer en las noches, ella sólo quería un hogar. Ni siquiera pretendía el amor. No entiende por qué la oscuridad en la noches. Alguien prenda la luz, grita desesperadamente. Luego, llega ese hombre y la besa. Alguien prenda la luz.





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