Una Musa en la Morgue

Habíamos escuchado noticias de personas que daban su vida por el arte, de gente mutilada y otros que parecían haber perdido la noción del tiempo. Todos los casos parecían coincidir entonces empezamos a sospechar que hubiera un monstruo suelto, uno de nosotros perdido en el mundo humano.

No sabíamos cómo llamar su atención y atraerlo a la casa; era sólo una corazonada. La Señora V tomó sus cartas de Tarot para intentar conocer un poco más del monstruo. Supimos gracias a ella que se trataba de una mujer pero no parecía contestar nuestro llamado. Entre las figuras de las que la Señora V nos decía hubo una que captó la atención de La Pierna de Ajab, fue a su librero y sacó un libro de mitología celta, entonces lo supimos: una musa estaba perdida allá afuera.

Podíamos sentir que estaba sola y que estaba asustada, en la Morgue siempre nos hemos comprometido a nunca dejar a uno de los nuestros fuera, así que decidimos emprender el camino hacia ella; sin embargo, igual que ella, todos temíamos salir y ser vistos por el mundo exterior. En estos casos siempre ha sido Boni el más valiente, él nos ayudó a disfrazarnos y gracias a él salimos en su búsqueda.

Nos guiamos por el dolor que se percibía en el ambiente y el olor a sangre fresca; la encontramos encerrada en una casa con un hombre que se estaba cortando el pie para ofrecérselo. Al verla noté cómo sus ojos brillaban como si hubiera fuego en su interior: la sangre le provocaba ese efecto.

La tomé de la mano y volvió en sí. Caminamos fuera de la casa, Boni le regaló un paquete de curitas al hombre y tomó el pie para que Leanan pudiera guardarlo de recuerdo, "Leanan" ahora ya sabíamos su nombre.

En la Morgue le dimos una habitación en el piso más alto, tiene repisas para que pueda guardar sus ofrendas y una ventana para que pueda salir cada que la invoquen.

Decidimos darle tiempo para que se sintiera cómoda, para que entendiera que la Morgue es su nuevo hogar y aquí nadie la lastimará.

Poco a poco se fue uniendo a las salas donde embalsamamos y al tocar la sangre de nuevo sus ojos se prendían con fuego y podía ver el pasado de esos cuerpos.

Al ver sus ojos encenderse y la sonrisa en su rostro sé que ya es parte de nosotros.

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