Escultura de bronce

Cansado por la frustración de ser un artista mediocre, un día en el taller tomó por sorpresa a su aprendiz y lo asfixió con toda la fuerza que poseían sus manos.

Desnudó el cuerpo y lo limpió como cualquier embalsamador lo haría. Poco a poco lo fue recubriendo de yeso procurando que la expresión del rostro no se perdiera, quería plasmar un grito de auxilio auténtico. Le agregó unas majestuosas alas y lo baño de bronce.

Cuando estuvo terminada la obra, varios galeristas y conocedores de arte pelearon por ella para exponerla como obra principal en sus museos y galerías, en los periódicos se leía que habían encontrado al nuevo Rodín de la época moderna, hablaban de la forma majestuosa de capturar la expresión humana. Fue galardonado numerosas veces por su conmovedor trabajo, pero no pudo disfrutar del éxito como él hubiera querido.

Tres meses después de aquél suceso que le cambió la vida como artista, un coche lo arrollaría al salir de una de sus exposiciones.

La gente quedó devastada con la noticia. Su familia decidió que solo él debía poseer la obra maestra que había creado.

En su tumba yace como guardián de su alma aquella escultura que le dio tanta fama.

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