Perdida

Mariana no le tenía miedo a nada. Al menos eso es lo que ella se decía.

Estaba acostumbrado a usar sombra negra en los ojos y botas, creía que así nadie podía hacerle daño.

Aprendió a caminar viendo al suelo y a pelear de ser necesario.

Andaba sola por las calles pisando charcos sucios con sus botas, limpiando maquillaje corrido de sus ojos y siempre rogando en su interior que por favor que nadie se acercara.

Mariana tenía miedo a ser violada, a romperse, a ser vulnerable, tenía tanto miedo que no podía mirar hacia el frente, sólo hacia el piso, por siempre. Había escuchado esas historias de niñas desaparecidas o golpeadas y eso la acechaba. Se imaginaba un día su foto impresa con la leyenda "se busca". En algún lugar había escuchado de chicas que son secuestradas, pierden todo su peso hasta que sólo son huesos y es ahí cuando deciden matarlas, el miedo la invadía, entonces caminaba más rápido. La ciudad nunca había sido segura y menos para una chica sola. "Dicen que las rompen por dentro"...imaginaba un hombre destruyendo su vientre y se sostenía intentando contenerlo, los hombres matan, es lo único que sabía.

Lo que Mariana no sabía es que ella no existía, era sólo un sueño que alguien había olvidado al despertar. Atrapada en un mundo onírico, estaba forzada a repetir por siempre el miedo, mirando hacia el suelo.

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