La Princesa

Alguna vez le contaron un cuento sobre princesas, lo sé porque yo estaba ahí escuchándolo. Hablaron de cómo ellas cargan coronas enormes sobre sus cabezas y como en su mundo no hay tristezas.

Le contaron esta historia mientras ella tenía ambas piernas enyesadas y los huesos rotos. Vi cómo alejó la mirada para esconder sus lágrimas, yo, por otro lado, me obsesioné con la historia. Quería conseguir una corona que borrara el dolor de nuestra vida, así que decidí ir en búsqueda de una.


Me convertí en la pesadilla recurrente de varios niños, hablaban de mí como ese monstruo sin rostro que los perseguía. Me había perdido en esta búsqueda hasta que un día la encontré. En un rincón del mundo encontré una princesa, tenía la corona dorada sobre su cabeza, me escabullí dentro de ella como un pensamiento impuro y por unos segundos habité su cuerpo.


Al entrar descubrí que estaba vacía, era como si la hubieran drenado, sus ojos estaban ciegos y su risa provenía de una caja de música instalada en su garganta. Eso es lo que hacen los felices con sus princesas. No me costó trabajo salir y tomar la corona de su cabeza, al quitarla su cuello se venció y vi cómo se desinflaba como un globo sin aire. Huí de ese lugar.


Al volver a la habitación de la Chica le coloqué la corona mientras dormía y me desvanecí sobre las sábanas: ella había vuelto a ser feliz, la corona había funcionado.

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