Aprender a Volar

Cuando era niña aprendí a caminar mucho después que todos los demás, a hablar para comunicarme, aunque realmente no lo disfrutaba. El sonido de mi voz se escuchaba tan ajeno a mí...

No veía gran sentido en hablar, ¿por qué levantar la voz? ¿por qué aprender a correr?

Mis piernas eran muy débiles y no podían sostenerme así que había aprendido a caminar para poder sentarme apropiadamente, para ver el mundo desde abajo. Hablaba pero mi voz nunca ha sido muy fuerte, era como si se quedara atrapada en mi garganta, y este mundo nunca ha sido para los que están en silencio.


Poco a poco vas aprendiendo a conformarte, a levantarte cuando te caes, a levantar la mano cada que quieres hablar, a las faltas de respeto, vas aprendiendo a no incomodar a los demás, a nadie le gustan los diferentes.


Me gustaría contar esta historia como que un día encontré una forma de alzar la voz y la vista, pero eso no pasó, permanecí en silencio la mayor parte de mi vida. Empecé a olvidar cómo era mi voz, cómo era mi cuerpo, es fácil desvanecerse entre la abrumadora multitud que quiere gritar.

Dicen que hablar dentro de tu cabeza no cuenta como hablar, que abrir los ojos no es suficiente para considerarte despierto.

El mundo me estaba rompiendo. Mi cuerpo empezaba a actuar en mi contra.

Claro, lloré como nunca, en silencio absoluto, me estaba olvidando de quién era yo, me iba a quedar ahí, siendo una niña que simplemente nunca lo logró.


No sé si yo lo llamé o si el Cuervo me encontró, pero un día apareció. Parecía una sombra enorme que vivía detrás de las paredes de mi cuarto, esperaba paciente el momento en que yo pudiera levantarme para tener total control. El día que lo hice ahí estaba él.

Me habían advertido que si me quedaba mucho tiempo en la oscuridad me iba a perder, pero creo que necesitaba aprender a respirar en la sombra antes de atreverme a ver.

Intenté caminar de nuevo, pero esta vez no hacía falta, el Cuervo me había enseñado a volar. ¿Quién quiere hablar desde abajo cuando tus alas te pueden llevar más lejos?


Comencé a cubrir mi rostro con una máscara de plumas, y debo de admitir que nunca me he sentido tan cómoda como cuando veo detrás de ellas.



He descubierto que en este tiempo y espacio habitan más universos de los que creemos, ya uno de ellos me había rechazado, y ahí, aislada encontré uno distinto donde los cuervos son fuertes y los monstruos son sinónimo de sobrevivencia.

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