Página en blanco

Autor: Astrid G. Reséndiz


Ya hace dos meses que no he podido ver a mi hermana, la pequeña Rosalba. Lo único que me queda es aquel libro que dejó caer del estante, justo antes de desaparecer. Ella trabajaba en una vieja tienda de vudú y esoterismo. La última vez que fue vista, se encontraba limpiando el estante de los libros de magia que vendía la tienda.

La ineptitud de los investigadores y oficiales a cargo era imperdonable; excusas sobraron del por qué no continuaron investigando, la principal era “falta de pistas a seguir”. La prensa habló diciendo que su desaparición no era otra cosa más que una fuga amorosa por aquel escándalo que tuvo al enredarse con un hombre casado.

Una tarde, mientras lloraba su pérdida irremediable, me dispuse a hojear aquel libro de recuerdo que me regaló la dueña del local. En la pasta se encontraba tallado el símbolo celta de magia y sus páginas lucían en blanco. De pronto, una idea revolucionaria se apoderó de mi mente. Escribir cartas a mi querida hermanita, al menos para sentir una conexión indirecta con ella y por supuesto, un poco de paz por la relación que tenía con dicho libro.

“Querida Rosalba, los días sin ti parecen eternos. Extraño de tus desayunos; amaba despertar por las mañanas y oler el café que cada día sin falta ponías desde temprano. Tus waffles o panqueques que con frecuencia preparabas. De haber sabido que te perdería; jamás habría aceptado que trabajaras y mucho menos te habría permitido ir a tu primer día laboral después de nuestra discusión. No sabes lo mucho que me arrepiento de haber deseado que nunca hubiéramos sido hermanas. Solo por haber rompido mi taza favorita, y jamás dejaré de lamentar que esas fueron las últimas palabras que escuchaste de mí. Quisiera decirte que te amo pequeña Ros.”

Luego de mi carta, comencé a empapar el papel. Sin darme cuenta, la tarde se había escapado escurriéndose entre mis dedos.

Antes de cerrar el libro; mientras secaba mis lágrimas noté como la hoja contigua se comenzó a llenar de palabras. Extrañada me dispuse a leer aquellas palabras.

“Querida María, también extraño nuestros desayunos. Lamento haber roto tu taza favorita, se lo mucho que la amabas. Quiero que sepas que me encuentro bien. Lamento mucho no haberme despedido de ti, con amor Rosalba”.

Mi dolor y cansancio seguro me hacían delirar; por lo que decidí irme a dormir, ni siquiera quise esperar a que el reloj marcase las diez de la noche.

En la madrugada, un lamento me despertó. Entre sollozos repetía “responde, no te olvides de mí”. Y quizá, habría pensado que era alguna vecina quien sufría de dolor; de no ser porque, de hecho, el gimoteo se escuchaba dentro de mi habitación. Me levanté extrañada, buscando el origen de aquel lamento. Descubrí con horror que el llanto parecía provenir de aquel libro en que había comenzado a escribir. Cuando lo toqué susurro “Rosalba… Rosalba…” Abrí con temor aquellas páginas y un resplandor me rodeó.

De pronto me vi en una extraña y blancuzca habitación. “Rosalba” gritó, era la voz de mi hermana.

Luego de algunos días, nuestros padres preocupados por mi ausencia y repentina incomunicación. Decidieron ir a buscarme. Encontrando ahí, aquel libro maldito relacionado con nuestra desaparición. Poco faltó para tenerlos cerca, en esta no tan vacía habitación.

Ahí donde el tiempo no transcurre y las necesidades se ponen en tu contra, padeciendo hambre sin poder morir.

Jaya la gitana, recogió el libro con su magia. Devolviéndolo al estante. Ahora somos espíritus esclavos que la siguen a todos lados. Hace un par de meses, devoraron a mi hermana, unas sombras que reclamaban paga a esta endemoniada gitana. Ojalá alguien pudiera escucharme, para advertirles sobre la página en blanco.




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