Last night in Soho: La favorita del año

Este año Edgar Wright tomó la decisión de apostar por algo totalmente nuevo y refrescarse a sí mismo, sorprendiéndonos en el trayecto.

El resultado de esta reinvención fue, sin miedo a decirlo, una de las mejores películas que tuvimos en las salas de cine convencionales. Empezando por el manejo de sus personajes respecto a la audiencia a través del reflejo. Los espejos están siempre presentes para mostrarnos empatía con los grandes sueños que hemos tenido todos y cada uno en la vida. El miedo a dar un paso enorme para cumplir nuestras metas y el deseo de ser aceptados en un mundo al que anhelamos pertenecer.


Sinopsis

Ellie, encarnada por Thomasin Mckenzie es una chica con ambiciones de convertirse en una gran artista de la moda con una obsesión nostálgica hacia la esencia de la década de los sesenta.

A su corta edad se aventura a mudarse a Inglaterra, en una gran ciudad donde iniciará su viaje de autodescubrimiento, pero no lo hará sola porque los lugares tienen historia y las paredes de su nueva habitación alquilada le contarán un misterio en el que se involucra una chica del pasado, Sandie, llevada a la vida por Anya Taylor Joy. Quien al parecer vivió y durmió en la misma cama que Ellie. Su admiración por ella le creará una obsesión por descubrir qué fue lo que ocurrió con Sandie en su tiempo, al punto de llevarla a cuestionar su propia realidad.


Last night in soho nos empatiza con la introvertida protagonista, nos adentra en sus sentimientos y sueños para que podamos entender que nos estamos reflejando en ella, así como ella se refleja en Sandie y en lo triste y cruda que puede convertirse la realidad cuando estás dispuesta a entregar todo por tus sueños.


A través de los ojos de Ellie, la historia nos aborda con la nostalgia y nos introduce a lo más romántico y bello del pasado para descubrir de su mano que no todo fue tan distinto del mundo cruel que conocemos ahora y que muchas veces el precio a pagar por conseguir la meta se vuelve un muro tan alto que perdemos el rumbo y motivación por el que iniciamos ese camino.



Uno de los puntos más fuertes de esta película, a parte de la limpia y excelente actuación de McKenzie y Anya Taylor, es la estética en cuanto a vestuario, locaciones e iluminación, que junto a la fotografía de Chung Chung hoo nos regala una atmósfera increíble que te atrapa durante sus movimientos de cámara e íntimos encuadres que nos hace aún más cercanos a ambas chicas, como si nos volviéramos parte de momentos tan privados que se dejan de sentir ajenos. Y si bien puede que la película llegue a pecar en su último acto pareciendo dar prioridad a esta imagen impecable y con estilo, descuidando un poco el hilo de la historia al punto en que se vuelve un poco confusa para nosotros y alguna que otra inconsistencia en su propio argumento, logra regalarnos un buen cierre que nos deja satisfechos. Unifica y mezcla el horror sobrenatural con el terror que podemos encontrar todos los días en un mundo real. Y eso no cualquiera.



Ampliamente les recomiendo esta cinta mis cadavéricos lectores. Para mí personalmente se convirtió en la favorita de este año, uno de los más caóticos que he tenido en mi no vida. Así que aprovechen porque no estoy muy seguro de que sea el Blockbuster del año, por lo que no estará exhibiéndose en cine mucho tiempo. Abrazos y besos descarnados de parte de #Coffincinema



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