Primera carta anónima a una adivina de mala entraña

Prólogo Esta carta la recibí una mañana del 30 de abril mientras dormía en el jardín. No pude ver al cartero. No tiene sello. La mujer que hasta el momento se mantiene anónima, me pide que haga público su caso. Dejo que el lector haga sus propias conjeturas respecto a esta mujer y su lugar de origen.

Sin fecha ni lugar.

Sé que usted es la única persona que podrá leerme sin prejuicio. Muchos aquí hablan de usted. A cambio de su lectura, prometo que aquello que pide cada noche lo tendrá. Aquí mi historia:

Soy capaz de conocer los secretos más oscuros de una persona. No por voluntad. Ellos con su boca me lo dicen todo. Es un don, dicen. Aquí los “dones” se condenan. Ahora sólo puedo ver el pasado. No debiste, ¿cómo pudiste?… No sé qué responder. Uno sólo vive, al menos, lo hace cuando quiere existir. Mi mayor miedo era estar muerta en vida. Mire a su alrededor. Mírese a usted misma, incapaz de ver la luz del sol en el cenit. No se atreva a dejarme de leer. ¿Sabe? Y salía a correr todas las mañanas. Me gustaba que mi piel se bronceara con el sol. Aquí siempre es de noche. Salgo en ella y visto con mí sombra la hierba y en sueños me aparezco.

Lo que hice me mantiene aquí. Fue un accidente. Me llamó. He pensado en ti. Fui a su casa. Mi corazón se detuvo y algo, creo que es lo que llaman alma, se fue con él. Mi piel arde. El fuego crece y mi ansiedad… El silencio tendría que ser también una condena. Estaba acostumbrada a que la gente se confesara sin necesidad de hacer una sola pregunta. Entonces, yo les cantaba su suerte. Regresaba. Se ha cumplido todo. ¿Podría usted de nuevo… Yo creía que era lo mejor que se puede hacer por una persona… Quizá fue orgullo… ¿No tenía derecho de dar a conocer los secretos que liberan a los hombres?

Por ética yo no leía esas cartas. Es un don del que no debo hacer mal uso. Fueron tantas veces las que supe todo lo que haría. Hasta que un día deje ver lo que decían y también dejé de verlo a él. Dejó de contestar a mis llamadas, su casa parecía no estar habitada. Quiero saber si esto que viví no fue una mera ilusión que condena a los soñadores a vivir entre fantasmas.

No sé quién soy. No puedo recordar mi nombre. Aquí te mantienen con el Olvido como yugo y los recuerdos que te atormentan. Sólo quiero saber quién soy. Si es cierto lo que en mi pecho habita. Este vacío es porque él se ha llevado una parte de mí. Me hicieron algo terrible. Sospecho que si usted lo encuentra y él es capaz de recordarme, entonces, podrá decir mi nombre. Camino viendo atrás, aunque mis pies vayan hacía delante. Te permiten salir una vez. Recorres los lugares que te hicieron feliz y no lo supiste. Yo regreso a él. No puedo verlo. Mi piel arde. Todo es oscuro.

Le dejo una dirección. Búsquelo. Háblele de mí y dígame si me ha olvidado. .

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