Un lugar donde los Monstruos pueden soñar

Cómo crear un Monstruo, parte 2.


¿A dónde van los monstruos una vez que fueron rechazados del mundo humano?


Había encontrado un lazo con aquello que muchos temen, era como si la oscuridad de me hubiera llamado y yo hubiera aceptado; sin embargo esto no era lo que yo quería.


Vivir siendo la sombra de alguien puede volverse agotador, estar ahí esperando el momento en que encuentres algo de luz o en el que alguien voltee a verte, puede pasar tu vida entera sin que seas reconocido.

Era vista como algo malo, como quien trae el dolor. Me veían como quien reprocha sus cicatrices y las culpa del rechazo, creo que sobra aclarar que el mundo en el que me encontraba no era mi lugar.


Siempre existió la opción de rendirme y entregarme con los brazos abiertos al dolor: "tómame como un igual, destruye mi cuerpo pero no me dejes sola". Pero es de valientes darle la espalda a lo que te han dicho que eres y atreverte a buscar quién realmente quieres ser.

Me despedí de las sombras y rompí nuestro lazo. Fue un adiós muy duro, pero era necesario.


Busqué un lugar dónde esconderme pero parecía que donde quiera que hubiera seres vivos existía la posibilidad del rechazo y la humillación, así que tuve la idea de ir a donde la muerte reinara.


Busqué primero en un cementerio; En un lugar lleno de cadáveres, no habría quien pudiera lastimarme.

Fue difícil desenterrar una tumba para encontrar un escondite, y esos cadáveres parecían ya haberse olvidado de dónde estaban y eran muy territoriales con su pedazo de tierra. Mejor seguí buscando.


Tras una investigación de la zona encontré una morgue.

Era un lugar increíble, parecía ser una casa abandonada que alguna vez tuvo una funeraria y en el sótano encontré la morgue que seguía acondicionada para recibir huéspedes. Decidí quedarme.


El lugar era enorme y era sólo mío, pero estaría mintiendo si dijera que no me sentía sola y la soledad es una muy mala compañía. A diario escuchaba los ecos de las paredes llenos de llanto. Parecía que las paredes escurrieran lágrimas de tanto dolor que albergaban. La muerte no duele, sólo es el silencio que deja lo que nos congela el alma, y ese silencio me estaba comenzando a deshacer.


Con el paso de los días el lugar empezó a cobrar vida nuevamente y fue atrayendo nuevos monstruos. Justo cuando pensé que me iba a desvanecer comenzaron a llegar.

Los encontraba perdidos en el jardín, lastimados y rechazados por la sociedad de humanos que vivía fuera de esta propiedad, los adopté y fui curando sus heridas.


Encontramos cómo volvernos una familia y cuidamos mutuamente el uno del otro, sin saberlo habíamos encontrado un lugar donde los Monstruos pueden soñar.

El lugar dejó de ser sólo una morgue, para volverse La Morgue, nuestro hogar.







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