Yo ya no estoy aquí

Yo ya no estoy aquí, no me busques entre las sábanas de mi cama, ahí no está mi cuerpo.

Tampoco está enterrado en el jardín, debajo de una cama de plantas.

No lo busques en la regadera donde lo cortaste en pedazos, ahí no estoy yo.


Esa que ves enterrada en tu jardín es otra, es un cuerpo vacío, sin consciencia, yo ya salí de ahí hace mucho. El miedo se apoderó de mí durante varios años hasta que hicimos un pacto, le regalé mi cuerpo como un caparazón que él podía ocupar libremente y a cambio me dejaría huir.

Escapé de mí esa noche que me sentí atrapada entre manos ajenas que me buscaban herir, ese día miré al miedo y le sonreí, había empezado el trato.


Huí y volé lejos de la tierra, pude ver desde allá los depredadores esperando en las esquinas como monstruos con colmillos que vigilan a una presa indefensa, pero no podía hacer nada, era un fantasma que flotaba entre la gente y sentía su dolor, abrorbía sus lágrimas y aun sin cuerpo, mi corazón se rompía.

Al poco tiempo fueron tus manos las que terminaron con la vida que sobraba ahí, se llevaron mi aliento y mis huesos me llamaron de vuelta. Volví a mi habitación y me vi perdida en mi cama, quise levantarme pero ya no había nada de fuerza ahí. Le grité que se defendiera pero era un caso perdido. Te vi llorando, desesperado y luego te vi cargándome al baño donde cortaste en pedazos lo que alguna vez amaste, me senté a tu lado, lo hiciste con cuidado, pero esa ya no era yo.

Cuando acabaste besaste mi mano y me llevaste al jardín, ahora los gusanos se encargarán del resto, verán que nadie sepa lo que hiciste, que nadie me busque más.


De la tierra salieron flores y ahí es donde vivo yo, entre los colores que salen de esa vida. En las noches el miedo me visita, nos sentamos en mi tumba y platicamos de la Muerte, una vez que me quedo sola se detiene el tiempo y entonces a los demás muertos que conviven con mis restos y juntos florecemos del olvido.





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