Viaje al infierno.

La Señora V había trazado en mi mano el camino para encontrar al embalsamador que había matado a un niño en nuestra Morgue así que tenía que cumplir con esta misión y encontrarlo.


Esa misma noche al dormir junté mis manos sobre mis ojos para no olvidar el camino y sentí cómo mi cuerpo iba descendiendo de mi cama poco a poco atravesando el piso, la tierra, hasta llegar al infierno.


El lugar estaba lleno de cadáveres que habían olvidado el porqué estaban ahí, sólo deambulaban sin rumbo; sus pecados no habían sido tan significativos así que los demonios habían perdido interés en ellos, los habían olvidado y dejado ahí a que su alma también se echara a perder como sus cuerpos y poco a poco desaparecieran de cualquier plano.


Caminé sintiendo cómo rompía huesos a mi paso, él no estaba aquí, vi la línea de mi mano, tenía que ir más abajo, él todavía no era olvidado.


Con un golpe rompí uno de los cráneos y con ese agujero logré bajar a otro nivel del infierno.

De aquí es de donde vienen los gritos, aquí la gente vive a cada segundo la tortura. Vi fijamente los cuerpos colgados de los torturados, gritaban desesperados al sentir el frío que los quemaba. Aquí no hay fuego, es el hielo el que los rompe.


Ninguno de ellos era el embalsamador, noté eso porque mi mano seguía guiándome más lejos, teníamos un camino más largo que recorrer.


Me detuve antes de volver a avanzar, pensé que posiblemente el camino se acabaría, que me iba a perder, ¿y si no recuerdo el camino de vuelta? ¿me podría quedar atrapada en el Infierno por siempre? La ansiedad me empezó a cubrir y de repente esos gritos ya eran desgarradores, me estaba perdiendo a mí misma ahí. Intenté contenerme, vi esos ojos llenos de terror posados sobre mí, los cuerpos destrozados con sus huesos heridos y entonces lo supe, uno no se puede perder en su hogar. Esta no era la primera vez que yo hacía este viaje y dentro de mí sabía perfectamente el camino. Así que continúe caminando.





Entradas destacadas