Un día de lluvia que no regresa

Pronto llegaría la tarde en donde uno conoce al otro y ese encuentro los separa. Ella lo vivió semanas antes del gran acontecimiento. Pero se aferraba a sus memorias, a esas tardes de lluvia que el verano regala, siempre y cuando el cambio climático no las interrumpiera. Pensó que tal vez, y sólo tal vez, podría volver a esos viejos tiempos en donde el silencio basta para dos personas que se aman, pero ese bienestar puede ser interrumpido por una noche en donde el otro no llega. Él ya no dormía junto a ella. Buscaba cualquier pretexto para no dormir cuerpo a cuerpo. Mucho trabajo, decía. Pero no era cierto. No le era infiel, también eso era cierto, sólo había perdido la pequeña pasión que la unió a ella durante escasas semanas.

Pensó que tendría que mudarse pronto, que las cosas así tan rápidas nunca llegan a nada. Lo observaba tratando de entender el cambio, los por qué sin respuesta que surgen en medio de la desesperación después de la ruptura. Ella se preguntaba cosas. Hombres como él pocas veces se fijan en mujeres como ella. No se sabe por qué, son reglas sociales. Todos tienen que estar con sus iguales. Ellos eran distintos ahora. Aunque unas noches antes él tocaba su cuerpo sin dejarla dormir.

¿Qué ha cambiado? A veces sólo falta una llamada telefónica para hacerte cambiar de ánimo. Pide que no se vaya. Sabe que tiene que irse.





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