Un crujido en la pared

Cuando en la madrugada me despertó el sonido de la pared rompiéndose, supe que estaba en peligro.



Llevaba meses rentando en este nuevo departamento, cuando vine a visitarlo, la luz que entraba por la habitación principal, me convenció. Todas las tardes entra la luz dorada y cubre la recámara haciéndola ver como un cuento de hadas; estaba obsesionada con vivir aquí. No hice más preguntas, no cuestioné sobre los vecinos o el porqué el lugar seguía teniendo posesiones de los dueños anteriores, sólo firmé y mudé mis cosas acá.


Los días eran todo lo que yo quería, pero las noches traían una sensación de intranquilidad a mis sueños.


Cada vez que cerraba los ojos y caía en un sueño profundo, llegaba a mi mente la imagen de una mano esquelética levantando mis sábanas y buscando dentro mi cuerpo. La sensación era muy intensa, pero aun con el miedo que experimentaba, el sueño era tan profundo que no me podía despertar.


Empecé a diambular el departamento como un muerto, no podía con el cansancio, el dormir me agotaba más así que ahora pasaba las noches en vela; el lugar se estaba volviendo mi prisión privada. Comencé a aprender todos sus espacios de memoria, cada libro, cada cuadro, pero cambiaban, era como si en los minutos que dormitaba los libros y los cuadros cambiaran de lugar o modificaran su contenido, de ser la pintura de un jardín, se modificaba a ser un retrato y luego un retrato de alguien gritando, llorando...todas las emociones eran tan intensas.

Traté de convencerme de que todo estaba en mi mente, yo estaba alucinando por falta de sueño, así que, aún con toda la paranoia que me rodeaba, me fui a dormir esa noche en mi habitación.

La noche transcurría tranquilamnete, no había ningún sonido, nada, hasta que de pronto sentí nuevamente esa mano en mis cobijas y ahora rasguñando mi cuerpo. Peleé contra mi sueño para despertar ya que ella estaba aprensada a mis costillas, decidida a extrae una de mi cuerpo, grité con un sonido ahogado hasta que de pronto desperté de golpe en la oscuridad.

Estaba sola, sin embargo el mismo sonido de la pared se repetía tras de mí, estaba despertando justo antes de que comenzara mi sueño; miré hacia la ventana y traré de recordar esas tardes iluminadas de sol cada quién elige su propio infierno, me dije a mí misma mientras me recostaba de nuevo en la cama viendo cómo la pared se rompía y entraba ese monstruo esquelético a buscar mis huesos entre las sábanas.






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