Niños, destino y asesinos.

Es curiosa la vida de un demonio menor como yo, sobre todo porque no tenemos nada que ver con los demonios reales. Somos como las hadas: pequeños, impertinentes y con varias habilidades menores de magia. ¿La diferencia? Los humanos decían que somos feos y menos agraciados, aunque hoy en día dicen que la belleza es subjetiva. No sé si han cambiado de opinión o solo lo dicen para no ser juzgados como intolerantes.


Hace un par de semanas se acercó un hombre a la Morgue, decía ser de un área llamada Argentina. Lo noté bastante fascinado por las cosas que encontró. Mencionó un par de cosas que le agradaban en su juventud y cómo las dejó poco a poco debido a ese perfil que deben llenar los mortales adultos. No quiero decir algo cursi como “fue el destino quien lo hizo mencionarlo” pero, ¿qué más pudo haber sido? Me hizo recordar algo que me esforcé mucho por olvidar. Tanto que no estaba seguro si debía escribir respecto a ello.


Fui mortal en algún momento y ese ser mortal fue niño alguna vez. Como todo niño fui al colegio, tuve amigos, me gustaba jugar y tenía estas hiper fijaciones que ningún terapeuta pudo detener. Entre estas hiper fijaciones estaban los asesinos seriales, algo que si bien era normal para mi edad y mi condición, los maestros lo consideraban una señal de alerta para un futuro sociópata. El evento que me dediqué a olvidar fue cuando me tocó hacer un ensayo y una obra de teatro de cualquier tema de mi elección y escogí hablar de El Petiso Orejudo.



Cayetano Santos Godino más conocido como el “Petiso Orejudo” nació el 31 de octubre de 1896 en Buenos Aires, Argentina. Llegó al mundo casi muerto, siempre estuvo con graves problemas de salud y su vida estuvo al borde de la muerte varias veces. Además de ello, su padre que tenía problemas con el alcohol y su hermano lo golpeaban y maltrataban constantemente. El escritor Álvaro Abós explica:

“La curiosidad y el miedo trenzaron fábulas y fantasías sobre Godino.”

Es lo que los niños hacen, fantasear. Muchos mencionan que eligió estar vagando en la calle desde los 5 años. Fue expulsado de varias escuelas debido a su falta de interés y su comportamientoviolento y rebelde, muy rechazado en la entonces Argentina conservadora.



Algunas fuentes dicen que su vida criminal comenzó a los 7 años, algunas otras dicen que a los 8. De lo que no hay duda es que su primera víctima fue Miguel

Depaola en 1904: bebé de dos años que llevó a base de engaños a un terreno baldío para golpearlo con una piedra y arrojarlo sobre un montón de espinas. No llegó a matarlo debido a que los gritos del infante llamaron la atención de un policía, pero debido a que se trataba de dos niños, solo los entregó con sus respectivas familias. Al poco tiempo Ana Neri y Roberto Carmelo Russo corrieron con la misma suerte de Miguel: infantes golpeados que fueron salvados por testigos casuales y sin justicia alguna por tratarse de “cosas de niños”.


El 29 de marzo de 1906, Cayetano, de ahora 9 años, al fin tuvo éxito en uno de sus intentos homicidas. La víctima se trató de María Rosa Face, de tres años. La intentó estrangular, la enterró viva y la dejó ahí. Esto se sabe de la propia boca de Cayetano, pues él mismo lo confesó ante la policía años después.


Fiore Godino, padre de Cayetano, no encontraba cómo quitarse de encima a su hijo problemático, los vecinos se quejaban constantemente de su comportamiento pues les arrojaba piedras e “injurias”. Es así como el 5 de abril, apenas a una semana del asesinato de María, Fiore encuentra a su hijo torturando gallinas y varios cadaveres de aves debajo de su cama. Decidió golpear a su hijo y lo llevó a rastras hasta la comisaría. Cayetano estuvo recluido dos meses aproximadamente y después volvió a la vagancia.

En 1908 Cayetano intentó ahogar al nene de dos años Severino Gonzalez Caló en una bodega pero fue detenido por el dueño de la misma. Una semana después , Cayetano se adentrará en una casa y le quemaría el ojo al infante Julio Botte de 22 meses pero sería descubierto por la madre del niño. Sería denunciado por este hecho y aunque la policía no lo buscara, Fiore, viendo la oportunidad de deshacerse una vez más de su hijo, lo entregaría a la comisaría donde sería encerrado tres años más, soportando agresiones de otros internos.

Recién cumplidos los 15 años, vuelve a la calle y entonces comienza su vida de asesino y pirómano. Para ese momento ya era conocido como el “Petiso Orejudo”.

Incendió 7 edificios y mató a 4 nenes más. Después, en un hospicio mató a dos internos. No escribo mucho más al respecto pues hay videos, podcasts y notas amarillistas dedicadas a su vida de crimen, pero lo puedo resumir a una oración:

dominó el arte de matar por placer.



Como pueden imaginar, mi obra de teatro no fue la más popular de la clase, pero vaya que llamó la atención de la profesora de Español. Terminé con dos reportes, una amenaza de suspensión, la burla de los maestros y un par de golpes recibidos en casa. No entendí mucho del por qué estaba mal hablar de un asesino. Aún eones después no lo entiendo. Mi vida mortal no duró mucho pero siempre he creído que duró más de lo que debería. Cientos de capítulos como este me siguieron y me atormentaron.

Ahora que vivo en la Morgue las cosas son completamente diferentes, la muerte es nuestro diario vivir. Ojalá de niño hubiera sabido que existía este lugar, lleno de monstruos que disfrutamos de las vísceras, las películas de terror y los cuentos de miedo. Pero creo que está bien que no lo supiera ya que no soy el único monstruo que se quiere olvidar de su vida mortal.



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