• La Chica Llamada Cuervo

Los sueños nos encontraron

Pasé mucho tiempo dormida creyendo que pronto acabaría el sueño y despertaría en una realidad, que todo este malestar era algo que se estaba gestando en mi mente que en mi cuerpo.

Me convencía a mí misma de que pronto me iba a despertar y que todo sería más claro.


Poco a poco el sueño se volvió más confuso, parecía como si estuviera viendo el mundo a través de una niebla que me cegaba totalmente. El malestar incrementaba y comenzaron los mareos, cada que intentaba levantarme de la cama, sentía un golpe fuerte en la cabeza que me volvía a tirar a las cobijas y me volvía a quedar dormida; las sábanas me cubrían y empezaba un nuevo sueño, una nueva realidad que me alejaba de ese malestar.

En el sueño podía sonreír, podía volver a reírme y había una pastilla que aliviaba mi dolor, no había que aprender a vivir así. En el sueño siempre era libre.


Al despertar volvían las náuseas, el dolor, y esa voz que me recordaba que yo no estaba sola ahí.

Es la voz de un hombre, sé que debería de recordarlo o al menos tenerle cierta estima porque él parece tenerla por mí, siempre me dice que este malestar que siento es amor, que no me puedo ir por el amor que me tiene, que todo nuestro gran amor ha creado una vida que crece dentro de mí y esa vida se alimenta de más amor. Siento cómo estos dos seres están succionando todo aliento que queda en mi cuerpo, todo yo se está desvaneciendo para que ellos puedan vivir de "mi amor".


Él me dice que ya faltan sólo tres meses, que el doctor pidió que me quede en cama porque corremos el riesgo de que el amor se vaya por una fuga y amanezca muerto entre las sábanas.

Le pregunto si hay un golpe en mi cabeza pero él sólo dice que no había otra forma, que no fue a propósito, que son las cosas que hacemos por amor.

No sé en qué momento se enamoró de mí ni por qué tuve que ser yo habiendo tantas opciones en el mundo. Tal vez algún día yo también lo amé, algún día yo también soñé con esta vida que estoy creando, pero hoy no lo recuerdo; el amor sabe a vómito en la mañana y a un mareo soñoliento en la noche.


-¿Qué tan lejos estás dispuesta a llegar por amor? - me pregunta

-Lejos- respondo con mis labios secos y mi cuerpo deshidratado.


Él me sonríe, sé que no iremos lejos de esa cama porque lo siento abrazarse a mi cuerpo y tocar mi vientre mientras repite "ya viene".






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