• Edgar, el coleccionista

Los Amantes Fusionados

Invité a Aurora a pasar el fin de semana en una cabaña en el campo. Arropados bajo las mantas nos resistíamos al sueño.

-Tú, funerario rescatador de almas: cuéntame una historia que no te conozca. - me dijo entre risas.

-Pues tendrá que ser una historia ´´prestada´´. Las mías las conoces todas…

-Me interesa. Te escucho.

-Ocurrió que una casa no se vendía por tener fama de estar poseída por malos espíritus, pese a que la propiedad era hermosa, y el precio muy bueno. ´

´Una pareja de recién casados vio allí la oportunidad de hacer un excelente negocio. Hablaron por horas del tema de los fantasmones, y luego de recorrer la casa, con el corredor inmobiliario sudando como un cerdo, decidieron comprarla.

´´El agente, que no veía las horas de salir de allí, los llevó hacia las oficinas y cerraron el negocio.

-¿Están seguros?

-¡Por supuesto! ¡Ningún cuento de miedo para niños nos hará cambiar de idea!

No bien firmaron los papeles, mandaron a restaurar la casona, y se mudaron, felices de pagar por ella una cifra irrisoria.

Cuando se instalaron, comenzaron a escuchar horribles gritos que los despertaban por las noches, y durante el día, los objetos se movían o salían disparados.

-Bueno, mi amor. Veo que no era una leyenda. Pero lo que ocurre aquí no me parece tan terrible como para que no le podamos hacerle frente. ¿Si llamamos a un cura, que bendiga y exorcice el lugar?

-No es mala idea. Pero se me ocurre que antes, podemos hacer nosotros mismos el exorcismo.

-¿Y eso cómo sería?

-A los malos espíritus los debe espantar la energía positiva. Te propongo que hagamos el amor en todos los rincones de la casa, y verás cómo huyen los fantasmas más malvados…

´´Muertos de risa, llevados por la pasión y la adrenalina, tuvieron sexo desenfrenadamente en cada ambiente.

´´Pese a que lo hacían en parte como una broma, y el deseo mutuo, no dejaron de notar que después de cada acto, unas sombras salían disparadas de los rincones, con un gemido de dolor, y un crujido como de hojas secas quemadas.

´´Ya convencidos de que su método era el indicado para despojar de maldiciones su hogar, siguieron su frenesí sexual, hasta que solo les quedó por ´´sanear´´ el cuarto donde dormían.

-Aquí debemos ser muy eficientes. Es el último lugar por despojar de malos espíritus.

Y se entregaron al amor con un ardor que hizo temblar el suelo como en un terremoto, mientras siniestras figuras oscuras se retorcían de dolor estallando en chispas alrededor de los amantes. Después de varios días sin noticias de ellos, ya que no se habían presentado a sus respectivos trabajos, ni llamado a sus familias, como lo hacían habitualmente, los padres de ambos, muy preocupados se acercaron a la casa a ver qué ocurría.

Pese a que llamaron reiteradas veces, nadie los atendió.

La mamá de la muchacha encontró en una maceta junto a la entrada una llave escondida, e ingresaron a la casa.

Les sorprendió el aroma a flores e incienso que impregnaba el aire, y cómo brillaba la luz, con partículas iridiscentes.

Recorrieron todos los ambientes buscando a sus hijos, sin hallar signos de violencia que les hiciera sospechar de nada malo.

Cuando entraron en la habitación, se les escapó un grito de horror a los cuatro.

La pareja estaba en la cama, desnudos, unidos en un abrazo muy estrecho.

Aún en la palidez cerúlea de la muerte, se apreciaba que sus cuerpos estaban fundidos en uno solo, como si hubieran sido siameses crecidos juntos, compartiendo la misma piel.

Nadie pudo explicar el extraño fenómeno. Ni la policía, ni los forenses, que al hacer la autopsia, encontraron algo que los desconcertó aún más, si esto era posible: los dos cuerpos compartían un único corazón. Absolutamente incomprensible, desde cualquier punto de vista.

Lo único que restó por hacerse, fue separar quirúrgicamente los cuerpos, y cerrar el caso, valiéndose de vericuetos burocráticos, y evitar que el caso tomara estado público.


-¡Por Dios! ¿Cómo terminó la historia, Edgard?

-Por los canales habituales. Una vez separados los cuerpos, se velaron, obviamente a cajón cerrado, en una misma ceremonia. Se les dijo a los deudos que los muchachos se habían intoxicado por una fuga de gas de la casa. Tuvieron que inventar eso, porque hasta hoy es un misterio la inverosímil fusión de los cuerpos.

-¿Y la casa siguió embrujada?

-Eso me lo puedes contestar tú, mi amada Aurora.

-¿Qué quieres decir?

-Esta es la cama donde murieron los amantes. Mi padre me contó la historia, cuando compró la casona. Él se encargó del velatorio de la pareja. Según sus palabras, los rostros de los amantes reflejaban un gesto de tal amor y placidez beatífica, que no pudo evitar retratarlos antes de cerrar sus féretros. Me heredó esas fotos, conjuntamente con la casona. Las guardo en mi colección, porque, aunque el fenómeno no tenga explicación, para mí simboliza la eterna lucha del amor contra las fuerzas del mal. Perdóname por no haberte contado del lugar donde te traje… -No te preocupes. Ahora me gusta mucho más. Y ya no está embrujada. Doy fe.


Así es, mis amigos. El amor no sigue leyes de la lógica, y a veces, su camino toma bifurcaciones un tanto inquietantes.


Los saludo desde La Morgue, esperando su pronta visita. Espero que celebren el mes de los enamorados.

Sin excesos. Por las dudas…






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