La tumba de tierra

Cuando el Cuervo me visitó en mi habitación, juntos hicimos el pacto de nunca contarle a nadie qué está enterrado en el jardín.


Yo lo ayudé a cavar el hoyo, llevé una pala y una linterna y juntos metimos el cuerpo ahí.

Cayeron sobre "ella", kilos de tierra húmeda tratando de esconderla, de asfixiarla, después de eso la dejamos ahí en la oscuridad, con la esperanza de que no pudiera escaparse o buscarnos.

Ambos volvimos a mi habitación y ahí hicimos el pacto, él tomó mi mano y la puso en su pecho, sentí cómo mi mano se hundía en su cuerpo hasta que tocó su interior. Era como volverme parte suya, de alguna forma yo podía entrar debajo de su piel y habitarlo, así que lo hice.

 

Me escondí dentro del cuerpo durante unas horas hasta que dejé de pensar en los gritos llenos de tierra que seguramente se estaban escuchando en mi jardín. Me hundí entre sus huesos hasta que el tiempo fue suficiente para asfixiarla o para al menos mantenerla en silencio, tras eso salí.

Estábamos de nuevo frente a frente, yo viendo fijamente a ese monstruo inmenso que cubría toda la habitación y tenía que agacharse para no chocar contra el techo y Él con una mirada que no decía nada.


Cuando el día llegó, Él se escondió entre las sombras, se hizo más pequeño y se guardó en un rincón, sin embargo yo no podía esconderme, tenía que salir a sabiendas de que afuera me esperaba ese espacio en la tierra donde la habíamos escondido y dado por muerta, "ella", ya sin nombre, yacía ahí.

Me llené de fuerza y bajé al jardín, tomé la pala creyendo que eso me podría defender de cualquier amenaza cuando en ese momento el verdadero peligro era yo. Caminé hacia el lugar donde la habíamos enterrado y, para mi sorpresa, todo estaba igual, lloré al sentirme decepcionada, esperaba llegar y encontrar rastros que indicaran que se salvó de mí, que pudo sobrevivir y alejarse de ese lugar donde el monstruo y yo la llevamos, pero no fue así, la tierra estaba intacta y la luz del sol la iluminaba como una tumba pacífica.

 

Volví a mi habitación. busqué desesperada entre las sombras al monstruo que se escondía ahí, de un rincón salió el Cuervo y volvió a su tamaño normal estirando sus alas y llenado el lugar de tinieblas. Quería reclamarle, me lancé a Él para golpearlo, sin embargo Él no ponía ninguna resistencia, sólo me veía confundido; finalmente me volví a unir a su cuerpo y ahí dentro volví a sentirme tranquila.

A las pocas horas decidí salir de ahí, me sentía distinta, como si todo mi cuerpo comenzara a volverse más fuerte, sentía que podía volar, y entonces vi mis brazos y estaban llenos de plumas negras. Giré para buscar al monstruo pero Él ya no estaba ahí. Grité desesperada que volviera, que no podía dejarme sola con un cuerpo enterrado en el jardín, pero no hubo respuesta.


Mis gritos no sirvieron de nada ya que cuando me topé con mi reflejo en la ventana entendí porqué ya no podía verlo en mi habitación y cómo ahora lo veía en mí.






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