• La Chica Llamada Cuervo

La sombra

Hace unas semanas adopté a un gato que llegó a mi casa.

La mayor parte de su cuerpo es negro y sus ojos son brillantes, todos me decían que debería de cuidarme de él, parece tener una "vibra extraña".

Honestamente nunca he creído en eso, así que lo dejé dormir en mi cuarto. En las noches se subía a mi cama y sentirlo cerca me hacía sentir en paz; sin embargo su presencia sí provocó un cambio, él provocó que me diera cuenta de que no estábamos solos en la casa.


En las mañanas cuando bajábamos juntos a la cocina, veía su cara de miedo al ver tras de mí, yo volteaba y no había nada, pero sentía algo ahí escondiéndose. Traté de ignorarlo pero cuando llegó el invierno fue más difícil de ignorar.

Mi gato había crecido tanto que cuando lo veía de lejos sólo veía una macha negra moviéndose, esto me causó siempre mucha risa, hasta que en un momento la mancha negra comenzó a crecer y tomar forma de un ser humano y entendí que esa mancha no era siempre mi gato.


El gato empezó a tener miedo de salir del cuarto, yo le llevaba la comida a la cama y lo trataba de convencer de que saliéramos, pero siempre veía todo desde las cobijas y se volvía a esconder.

Pensé en ser "el adulto" de la situación y decidí explorar lo que estaba pasando en la casa. Hice lo que nunca imaginé: pasé la noche en la sala esperando cazar a la sombra que me perseguía.


Dormí con una luz prendida, había notado que necesitaba de luz para poder aparecer, y así fue, cuando estaba a punto de conciliar el sueño la vi asomando la mitad de su rostro por la pared. Dejaba ver sólo uno de sus ojos y la mitad de su sonrisa. Me paralicé del miedo. No podía dejar de su cara, y la figura sólo sonreía más mientras me devolvía la mirada.

Pensé que así íbamos a permanecer varios minutos, en esta constante lucha, pero no, a los pocos segundos corrió hacia el sillón donde yo estaba acostada y me comenzó a atacar.

Sentí sus uñas penetrando mi piel y sus dientes desgarrándome, grité pero no había nadie que me pudiera defender ya que había encerrado al gato en mi habitación.


La escuché masticando pedazos de mi piel, no sé por qué pero me dejó vivir. Lloré por el dolor durante unos minutos hasta que me quedé inconsciente. Al despertar toda la habitación estaba iluminada por el sol, mi gato había escapado del cuarto y dormía a lado mío. Ya no veía más sombras, hasta que vi en mi cuerpo esos pedazos de piel mordida, ahí estaba la oscuridad. La sombra se había introducido en mi cuerpo y ahora es parte de mí.






Entradas destacadas
Entradas recientes
Archivo
Buscar por tags
  • Gris Facebook Icono
  • Twitter - círculo blanco
  • Instagram

Av Constituyentes 354, Panteón Civíl de Dolores, 11100 Ciudad de México, CDMX

© 2023 por Rigor Mortis.

Las ilustraciones de este sitio pertenecen a sus autores.