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La Piedra del Río

Autor: Iván Humanes


Adoramos nuestra piedra de río. Desayunamos con ella en el centro de la mesa, dándonos la mano y agachando la cabeza. En comunión perfecta. La encontraron mis hijos estas vacaciones. Y si bien, al principio, no le dimos importancia y la guardamos en un cajón, reparamos en su energía cuando estiró de nuestras almas. Su hilo invisible nos apretaba tanto la garganta que era imposible no darse cuenta de su poder.


—¿Escucháis lo que nos dice? —les pregunté a los pequeños después de rescatarla del olvido.


Mi esposa negó y miró extrañada. Mis hijitos dijeron que sí, porque ellos sí que eran conocedores de su influencia. De otra manera no la hubieran encontrado, ¿verdad? Nadie como ellos para comprender el sacrificio. Por eso debemos honrarla. Por eso he dibujado un círculo de contención perfecto en medio de la mesa, repartido velas, bajado las persianas. Ahora nuestro mundo es la tiniebla. Y al llegar la noche la casa se llenará de sombras.


—Hijos, pronunciemos las palabras mágicas —les ordenaré entonces.


Y les moveré sus cabecitas locas y me dirán que vale, que sí. Mi esposa continuará con los ojos muy abiertos, sin dar crédito a lo que nos ha sido dado. Pero todos atenderán a mis plegarias. La ofrenda de sangre tendrá que hacerse. Y sé que mi familia se esforzará para alcanzar el poder que se nos ofrece. Todos sentados alrededor de la mesa, la sangre fluirá de sus venas al círculo de poder. La piedra vibrará contra la materia. Y no es que los míos dejarán de tener vida y ya está. No se trata solo de ver sus cuerpos secos y su carne se pudra y se desprenda del hueso. No. Eso sería quedarse en la superficie de las cosas. Ellos serán valientes. Porque aceptarán dar el paso hacia el otro lugar. El sitio que acabará reinando en este y que nos liberará por fin de la vida estúpida. A todos. Y por eso rezamos en un silencio perfecto. Hacia adentro.





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