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La Pérdida

He perdido una amiga.

La gente no me cree cuando les digo que se ha marchado, piensan que ella simplemente dejó de contestar el teléfono y que cerró las cortinas de su habitación; pero yo sé que fue algo más.


Siempre he temido por ella, todos la veían tan fuerte y segura, pero yo sabía que no era así, en el fondo, ella tenía más miedo que todos nosotros, así que ahora, que no sé dónde está, temo por mi amiga.


Las calles de la ciudad son oscuras y llenas de malas intenciones, hay un laberinto que lleva a cada callejón donde nos aguarda la Muerte, pareciera que para las mujeres el pase es directo, recto y sin filas; así que sí, el miedo vive en que ella esté en uno de esos laberintos.



Todos hemos recorrido alguno, pero hemos sabido salir, ¿qué pasaría si ella olvida el camino de vuelta a casa? ¿si se pierde? entonces ¿se perdió para el mundo o se me perdió a mí por no haber ido a buscarla?

Entre sueños la busco, la invoco con una vela encendida en mi escritorio y con una lágrima que disimulo en la regadera; pero ella no responde a mi llamado, el hilo que nos unía se ha cortado.

No dejo de pensar a quién le pertenecen esas tijeras que cortaron el cordón, quién decidió separarnos y dejarla a ella tan lejos, sin voz.


No sé dónde esté, pero mientras esté lejos, tan invisible, seguirá una vela blanca prendida en su nombre.




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