La Cosa

Siempre sospeché que había alguien dentro de mí pero tenía miedo de ver dentro y averiguarlo; imaginaba que si algún día abría mucho la boca podría verlo escalando por mi garganta y queriendo salir de ahí,


En momentos, al despertar, sentía que la cosa se movía dentro de mí, que gruñía y se estiraba, ¿Qué iba a hacer si un día crecía tanto, al nivel de no caber dentro de mi cuerpo? ¿Qué pasaría conmigo?


La cosa comenzó a crecer, lo sentía dentro, empezó siendo un pequeño ser que se movía debajo de mi piel, por el conducto sanguíneo y recargándose en mis huesos. Creció hasta no caber en mis venas, hasta moverse con cuidado por mis músculos y estirar mi piel.

Mi piel ya no aguantaba, se estiraba y marcaba las garras debajo, amenazando con romperla.


Llegó un día en que la piel se rasgó, de mi pecho salieron dedos con pelo hasta que se convirtieron en un brazo y un cuerpo entero, la cosa se levantó, gruñó con hambre y comenzó a devorar mi cuerpo hasta que yo me volví ese diminuto ser que navega por su torrente sanguíneo en búsqueda de una salida.





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