La Casa

Hay un lugar a donde va el Cuervo cuando cree que no lo veo, es un espacio entre las paredes, un pasadizo secreto que lo lleva a otra dimensión y esta vez decidí seguirlo.


Todo inició cuando lo encontré solo en la habitación, sus enormes plumas cubrian casi toda la cama donde él estaba sentado. Yo me escondía detrás de una cortina viéndolo con cuidado, no sé cómo fue pero últimamente despertamos separados, ya no me encuentro siempre dentro de él, hay veces que ocupo mi propio cuerpo.

Desde mis propios ojos lo vi agachado, con las plumas débiles y asustado, luego vi cómo entraba a ese portal que lo alejaba de nosotros, y fue entonces cuando decidí seguirlo.


Seguí su rastro entre el muro de la habitación y continué caminando lejos del mundo que ya conocía. Poco a poco la luz fue desapareciendo, nos estábamos internando en el punto más profundo, y fue ahí cuando supe que no habría vuelta atrás.

Debajo de mis pies sentía el suelo moverse, parecía que tenía un movimiento constante, como una respiración o latidos de un corazón, lo escuché atentamente y tenía un ritmo, pero seguí caminando tras las huellas del Cuervo. Sus pisadas se desvanecían del suelo, lo estaba perdiendo, y entonces corrí.

Corrí con los ojos cegados por la oscuridad, con los oídos aturdidos del latido, con lágrimas en los ojos por creerme perdida, pero no me detuve hasta chocar contra él. Reconocí su cuerpo y él sí me podía ver a mí, entonces tomó mi mano y me llevó de vuelta hacia su interior y ahí, tras sus ojos pude ver dónde estábamos.


 

Han pasado varias semanas desde que volvimos del pasaje tras la puerta y aun así no encuentro explicación para el mundo que visitamos. Me cuestiono muchas veces qué fue eso, estaba segura de que estábamos de vuelta en la casa, en nuestra Morgue, sin embargo las paredes estaban formadas con huesos y el suelo palpitaba con una respiración tranquila; estoy segura de que nuestro hogar es un ser vivo y que el Cuervo sabe cómo habitarlo.



Él no ha vuelto a dejarme sola, cada día amanezco dentro de su cuerpo y me siento tranquila, pero temo que algún día se pierda en esa oscuridad que vive tras las paredes y deba de buscarlo entre las víceras de alguien más, y entonces no puedo evitar preguntarme ¿la casa nos quiere devorar?

¿la casa algún día nos consumirá por completo? ... son preguntas que al día de hoy no tienen respuesta, sin embargo, de vez en cuando, en las noches, abro los ojos para asegurarme de que los muros continúen siendo de madera y que el pasadizo continúe bloqueado.





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