LA BATALLA FINAL (HISTORIAS DEL CUADERNO NEGRO)




Hola, mis amigos. Hubiera querido no tener que contarles lo que les voy a relatar.

La semana pasada, luego de oficiar un velatorio especialmente penoso, pues era de un querido amigo, mi ayudante, Tristán, captó al mismo tiempo que mi amada Aurora un oscurecimiento total de la piedra que tengo como prendedor. Corrí a ver la mayor, que también lucía negra como el carbón.

La llegada de mi medio hermano Velasco era un hecho.

Nos preparamos espiritual y psicológicamente a enfrentar al mal en su mayor exponente.

Como si mis puertas de alta seguridad fueran de mantequilla, entró el corrupto, asombrándome con su rostro y porte: era una copia casi idéntica de mi persona.

Con él había una bella mujer, de mirada dura y feroz: su madre, Samanta.

Y el tercer visitante hizo que se me secara la boca del espanto: ¡mi propio padre, regresado de la muerte, con la terrible estampa que puede ofrecer un estado de descomposición avanzada!

Comprendí al instante que ese zombi no era mi progenitor, sino un ser conformado por su cuerpo, sacado de la tumba con magia negra, y animado como un títere por Velasco y su madre para lograr en mí un golpe de efecto.

_ ¡Por fin toda la familia unida! ¿Cómo está mi pequeño hermanito? ¿Acaso te sientes

protegido al estar con Tristán y Aurora? ¡Nada más falso! ¡Solo facilitas mi trabajo!

_Ya basta de juegos. Terminemos con esto lo antes posible.

Impusimos los tres nuestras manos, intentando crear un campo de fuerza para repeler a los malvados.

Velasco y su madre rieron a carcajadas. El zombi de mi padre sonrió mostrando el horror putrefacto de su boca plagada de gusanos.

_No te esfuerces tanto, hermanito. No hemos venido solos. Trajimos más invitados a

la fiesta.

De pronto se materializaron cientos de espíritus de los que no habían alcanzado la luz del descanso eterno, emanando la oscura aura macabra del dominio que mi medio hermano tenía sobre ellos.

Los espectros, horrorosos sus rostros sufrientes, de muecas del terrible dolor o culpa con que habían fallecido y caído en las garras crueles de Velasco, nos apresaron formando un capullo de energía nefasta alrededor de cada uno de nosotros, inmovilizándonos, y sumiéndonos en la agonía colectiva de su eterno sufrimiento y desdicha.

_ ¿Viste que no era tan fácil, Edgard? Te di la oportunidad de evitarte el horror que les

espera de ahora en más. Con mamá y papá tenemos la energía suficiente para

transformar en esclavos abyectos a Tristán y Aurora. Sus dones serán usados para

subyugar al mundo a nuestro antojo. Y tu amada tendrá un lugar de honor en mi cama,

para darme una selecta progenie, algo que tú jamás disfrutarás.

´´Porque a ti te espera algo más terrible aún: para agenciarme con tus poderes, debo

matarte de una forma lenta y dolorosa.

´´¿Qué te parece la perspectiva de ser despellejado vivo, mientras devoro tu don,

segundo a segundo de tu sufrimiento, que durará horas? Sé que eres resistente, y

cuando flaqueen tus fuerzas, te daré yo la energía para seguir vivo soportando el

tormento. La idea es divertirnos por lo menos dos días. Me aseguraré de que lo

aguantes. Tus amigos serán espectadores selectos del espectáculo, y cuando concluya,

tendré tanto poder, que el mundo caerá ante mis caprichos.

´´Lo más divertido será tomar tu lugar. Robaré tu vida. Me haré cargo de la funeraria,

agenciándome de todas las almas de este pueblo. Todos te verán como un malvado, y

te recordarán así. Nadie sabrá que estás muerto, y que otro ocupa tu lugar.

Velasco sacó de mi propia caja fuerte una daga curva que me había dejado mi padre.

Mientras el zombi y Samanta extendían sus manos sobre Tristán y Aurora para debilitarles la mente y esclavizarlos, vi a Velasco acercarse hacia mí, entre la bruma traslúcida de espíritus que me inmovilizaban, con su arma en mano.

Primero me desnudó, y se tomó el tiempo de observar concienzudamente mi cuerpo indefenso, eligiendo el lugar por dónde comenzar su maléfico tormento.

Comenzó a aplicar la afiladísima hoja sobre la piel de mi brazo izquierdo, a la altura del hombro, arrancando lentamente un gran pedazo.

Hice todo el esfuerzo del que fui capaz para no gritar. Sentía la lucha de mis amigos para tratar de liberarse y ayudarme, y la angustia que les causaba mi dolor, que se volvió tan intenso, que no pude evitar, casi al borde del desmayo, expulsar un alarido desesperado, a la vez que mi hermano sonreía, absorbiendo mi don desde su aura maléfica. Ya estaba por perder la consciencia. No podía tolerar semejante tortura.

Velasco lo vio, y para evitar que el desvanecimiento me privara de sufrir, me envió una dosis de energía que me impidió desmayarme.

Pese a mi extremo sufrimiento, mi mente se clarificó intensamente.

Velasco se entretenía cortando lentamente mi carne indefensa, gozando mi dolor, y ´´tragando´´ golosamente mi poder.

En vez de gritar nuevamente o suplicar clemencia, alcé mi voz, que sonó como un trueno clamoroso:

_ ¡Espíritus dolientes! ¡No están obligados a ser esclavos de este malvado, sufriendo

las miserias terrenales por toda la eternidad! ¡Libérennos, y yo les prometo el ascenso

hacia la luz de la misericordiosa paz!

Los espectros se agitaron, como saliendo de un letargo pesado, observándose entre ellos con gestos de duda, y una pequeña cuota de esperanza.

_ ¡Maldito mentiroso! - Velasco estaba furioso, y mientras vociferaba, me arrancó un

extenso pedazo de piel. - ¡No lo escuchen! ¡Ustedes son mis soldados, y formarán

parte de mi gloria durante mi reinado! ¡Les ofrezco ser protagonistas de mi triunfo!

¡Él no puede liberarlos! ¡Y menos aún en el estado en que se encuentra ahora!

_ ¡Almas cautivas! ¡Aún en mi momento de mayor dolor y sufrimiento, solo necesito

de su voluntad para que accedan a la caritativa calma de la luminosidad del plano

celestial! ¡Si de verdad lo desean, serán perdonadas sus culpas y errores, y este ser

abominable dejará de ser su amo!

Los espíritus captaron mi energía, y la compararon con la de Velasco.

La gran mayoría de los espectros soltaron la sofocante trama que formaban alrededor de nuestros cuerpos. Solo unos cuantos, los que no tenían salvación continuaron con su sujeción.

Los que nos libraron, pasaron a encapsular a Velasco, Samanta y el patético zombi de mi pobre padre.

Ya sin la energía que me había enviado mi hermano para poder seguir sufriendo consciente, desangrándome, hice un esfuerzo sobrehumano para proseguir lúcido.

Tristán y Aurora, concentraron en mí sus poderes, y los entes que aún nos sujetaban, se deshicieron en cenizas, entrando en el inframundo, a purgar allí sus pecados.

_ ¡Asquerosos cerdos inmundos y traidores! ¡Suéltennos! ¡Somos sus amos!

_Ustedes ya no tendrán más amo que el Altísimo, en unos minutos.

Aurora impuso las manos sobre Samanta, tomando su insano poder, y la bella mujer se transformó en lo que era: una bruja horrible, milenaria, que fue secándose hasta verse como una momia espantosa que se hizo polvo mientras gritaba con chillidos infrahumanos, que parecían los graznidos de un ave de rapiña descomunal.