Invocación a la Señora V

Exiliada de mí, sin capacidad de restituirme. ¿Cuál es el camino al infierno? ¿La memoria? Una chispa oscurecida del recuerdo, implantado en el pecho y el sentimiento imposible quitar. No existe color en el olvido. Cuando uno llora, todos los decretos del mal desaparecen.

¿Hay salvación? Estoy seca.


¿Cuál es mi temor? Que se salven aquellos que describen los cielos, los que observan las estrellas, quienes invocan lo de arriba. ¿Yo? ¿Qué será de mí que sólo sé ver hacia abajo?


Llámame, repite mi nombre. Hazme vivir.

Ven, ven, Señora V, que te espero. Ven, que tu destino te muestre el camino de vuelta a mí.

Sé que puedes escucharme.




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