• La Chica Llamada Cuervo

Espíritu de Navidad

Desde que me mudé a la Morgue no había tenido alguna celebración de navidad como solía tenerlas en mis años de chica.

Aquí no parecía ser un lugar donde se hicieran celebraciones.


Subí al techo de la casa donde vivimos y desde ahí vi a las familias celebrar. Veía sus mesas llenas de comida y las casas llenas de regalos, y yo, era ese monstruo que los espiaba en la oscuridad intentando entender cómo sería la vida en esas familias.

Intenté acercarme más, inclusive entrar a alguna casa y esconderme en las sobras para poder sentirlo más de cerca, pero al dar unos pasos más allá el techo bajo mis pies se rindió y caí de rodillas en un espacio de tejas y madera.

Toda la oscuridad que estaba en mi mente ahora se hacía presente ya que estaba atrapada en ese espacio de menos de dos metros. Traté de incorporarme pero esta vez caí de espaldas. Vi sobre mi el hoyo que había hecho y ahí se veía el cielo negro lleno de estrellas; en la Morgue el cielo es negro, es parte de esa niebla que cubre la zona.


Me pude haber librado de ese encierro, pero no lo hice. Permanecí ahí en silencio unos minutos hasta que descubrí que no estaba sola en ese espacio, había alguien cerca de mis pies. Antes de que pudiera moverme, ese algo jaló mis pies y me arrastró varios metros más en la oscuridad.

Sentí sus garras enterrándose en mis piernas hasta que decidí dejar de resistirme y dejarme llevar.


Cuando se detuvo, estábamos a unos metros de mi sitio inicial, ya no podía ver el cielo, estaba ahí atrapada con el esqueleto de una chica. Vi que en los huesos de su cara todavía había rastros de piel y un cabello largo que le llegaba a los huesos de las costillas. No le tuve miedo, hace tiempo que dejé ese sentimiento detrás, sólo la miré fijamente.

Ella acercó su mano y al tocarme la pude ver en su forma humana, viva y con color. Se acercó más hasta sentarse sobre mi cuerpo y acercó su boca a mi oreja para susurrarme la historia de cómo llegó ahí.


Era un invierno muy frío pero eso no evitaba que todos los niños de la colonia se sintieran atraídos a este lugar, habíamos escuchado historias de cómo era una casa embrujada, de cómo solía vivir aquí un hombre que abría muertos y quemaba sus cuerpos. Todos querían venir a investigar, pero yo venía aquí a estar sola.



Me enseñó una marca que llegaba hasta el hueso de su mejilla, de niña se había lastimado y esa cicatriz la cubría completamente, por eso los niños la perseguían molestándola diario. Ella encontró un refugio en el techo de la Morgue, esperando que nadie la fuese a encontrar ahí, sin embargo, el escondite fue tan bueno que cuando el techo se venció, cayó en este mismo espacio y se quedó atrapada.

Pasaron días en los que ella gritó esperando ser escuchada pero nadie llegó, sólo la Soledad la escuchó, la cubrió con su cuerpo enorme y blando succionando toda esperanza que había dentro de la chica, poco a poco hasta respirar le costaba trabajo y decidió dejar de hacerlo.


Cuando terminó de contarme la historia, la ayudé a subirse a mi espalda y salimos juntas del techo para buscar su casa.

Lloró cuando volamos sobre ese espacio, sintió a su familia cerca, todos seguían vivos. La bajé y ella cruzó la puerta despidiéndose de mí de lejos. Sonreí y por esta vez, no me tuve que esconder en la sombra.

Volví a la Morgue caminando, pasé por todas las casas llenas de luz pero no me sentí tentada a espiarlos o a devorarlos hasta entender ese mundo al que no pertenezco, continué mi camino. Al llegar, crucé la puerta y vi a todos los monstruos que ahora son mi familia, sonreí al saber que la Soledad no ganó hoy y me senté a su lado a celebrar.






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