Es sólo un cuerpo

Cuando Mariana estaba embarazada, su embrión se reprodujo, ya no era sólo uno.

Durante un ultrasonido se le comentó que, esto no es sólo anormal, sino que peligroso ya que en algunos casos, la creación de un nuevo embrión puede ocasionar que uno de ellos comience a absorber la vida del otro, sin embargo no había nada que hacer, sólo esperar a que eso no sucediera.


Las semanas de embarazo avanzaban mientras que Mariana se preocupaba por el bienestar de sus bebés. La panza crecía mientras que aumentaba el malestar. El dolor en el vientre causaba ideas de paranoia en la cabeza de la chica.

¿Y si sólo uno vive? Se preguntaba Mariana sin saber que el verdadero peligro era que ambos sobrevivieran.


El día del parto se acercaba y los ultrasonidos sólo empeoraban la situación ya que mostraban que, efectivamente, uno de los fetos estaba consumiendo al otro.

Mariana no podía con la desesperación, rogaba que se hiciera una cesárea y acabaran con este sufrimiento, pero el otro feto corría el riesgo de morir si accedían a ello, así que el embarazo continuó.


Llegaron los nueve meses y Mariana asistió asustada al hospital, sus manos temblaban y todo el cuerpo le temblaba. Llegó la anestesia y a los pocos segundos la chica cayó en un profundo sueño.


 

Mariana despertó por el llanto de un bebé, era el de su recién nacida, pidió abrazarla, la sostuvo y entonces todo el malestar se fue. Por unos minutos su angustia se desvaneció hasta que de reojo vio a otro bebé llorando por ella; giró pero no había nadie ahí.


¡¿Dónde está?! - gritó desesperada.

¿Quién? -preguntaron las enfermeras, confundidas al encontrarse solas con ella en la blanca habitación.


Mariana preguntó por el otro bebé durante días hasta que decidió dejar de hacerlo, hasta que entendió que nadie más lo veía ahí, viéndola y entonces supo que tenía que cesar ya que la creerían loca.

Aprendió a vivir con ese ser en la orilla de su mirada, con esa niña casi formada, casi viva que sólo ella podía ver, así, mientras su bebé dormía tranquila, la madre primeriza aprendió a ignorar al otro bebé que la buscaba...

Es sólo un cuerpo...un cuerpo sin vida ... - se repetía intentando dormir e ignorar su llanto o sus llamados. Es sólo eso...es un cuerpo...


Lo que Mariana desconocía era que un cuerpo, sólo un cuerpo, tenía la facultad de acosarla de por vida.




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