Encuentros

Nuestro segundo encuentro tenía que ser más espectacular que el primero, ya conocía sus manos, sus senos, sus lunares, la había estado besando en cada parte del cuerpo. Sus labios carnosos, nariz respingada, belleza perfecta. No habían pasado más de 3 horas pero me sentía atrapado por su hermosura.


Volví al mismo lugar de encuentro y me fui despojando poco a poco de mis prendas. Me acerqué embelesado por su escultural cuerpo, mi erección era más que evidente, no nos habíamos besado y yo ya estaba más que dispuesto. Apreté su cuerpo contra el mío mientras sentía el frío de la noche, su aroma había cambiado, curiosamente ahora me atraía mucho más que antes.

Recordé su nombre y lo dije dulcemente mientras rozaba sus mejillas con mis dedos, Priscila, Priscila, Priscila… Metí mis manos entre su cabello suave y largo, la besé apasionadamente y concluimos el acto.

Me sentí satisfecho y feliz como nunca antes, me despedí de ella con un beso en la frente, tomé mi ropa, me vestí y comencé la autopsia del cadáver que acababa de poseer.



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