• Leanan Sidhe

"El zoológico"

Mis mejores amigos y yo en medio de nuestro primer proyecto como editores independientes, planeamos una pequeña salida fugaz al bellísimo estado de Puebla. Estuvimos buscando AIRBNB´S, hoteles, hostales… pero al final nos decidimos por unas lindas cabañas entre las montañas.

El viaje fue increíble, nos relajamos mucho, nos divertimos, nos unimos más como compañeros. No queríamos despedirnos del lugar pero había llegado el momento de volver a casa, así que empacamos todo, regresamos las llaves de la cabaña y tomamos un transporte para llegar a la central camionera.

Estábamos a unas cuadras de nuestro destino cuando decidimos bajarnos a caminar por aquellas calles tan enigmáticas y llenas de historia.

Fuimos de callecita en callecita hasta que nos topamos con algo que no creímos ver en tan escondido lugar; una entrada colonial con un hermoso letrero en tipografía gótica que decía “Zoológico”, nos atrapó de inmediato. El lugar era muy hermoso como para no estar anunciado con anticipación, por lo regular siempre que sales de viaje la carretera y las calles están llenas de indicaciones para guiar al turismo, mi único pensamiento fue que quizá era muy exclusivo, tampoco se veía como algo de mala muerte, al contrario, la belleza arquitectónica y los detalles de diseño te asombraban a primera vista.

Mis amigos y yo entramos con mucho entusiasmo, dejamos nuestras cosas en paquetería y nos decidimos a pagar el boleto de entrada. No fueron más de $80 por persona. El lugar tenía gente, todos se veían muy felices de visitar aquél sitio, había niños y familias con bebés en brazos, era como cualquier otro zoológico.

Después de cruzar unos torniquetes, fueron apareciendo los primeros animales del lugar, unos enormes gorilas se llegaban a visualizar, no estaban como en otros zoológicos donde por lo regular los ves dormidos o se encuentran escondidos dando la espalda al público, aquí parecían estar muy activos, era como si nadie más los estuviera viendo o como si realmente no les importara ser vistos. Se veían muy campantes en el lugar, como dueños de él. De inmediato sentí esa gran diferencia en su comportamiento, algo en mi interior me fue llenando de miedo y nerviosismo.

Había mucha luz en el interior, no sé cómo lograron ese efecto pero parecía que todo estaba al aire libre, me pareció demasiado ingenioso, quizá los dueños eran muy creativos y se habían tomado muy enserio lo de poner un zoológico espectacular, pero en cuanto a los animales, mi instinto me iba poniendo cada vez más alerta. Cuando volteaba a ver a mis amigos me hacían la misma cara asombro y terror, al menos no era la única con pensamientos raros.

Después de pasar la primera sección, unos pequeños arcos daban el inicio de un área nueva en el zoológico. Para nuestra gran sorpresa ¡los animales estaban sueltos!

Caminaban entre nosotros como si aquello fuera tan natural, había leones, canguros, lechuzas, gorilas paseando como si nada.

Me llenó de terror algo que podía ser tan peligroso, los demás visitantes estaban muy tranquilos y felices disfrutando del momento. Comencé a caminar con más prisa y mis amigos lo notaron, ellos también tenían miles de preguntas y nadie de ahí podía responderlas. No nos dijimos nada, simplemente caminamos con la esperanza de terminar el recorrido, pues al parecer la salida se encontraba al final del sitio.

La última parte estaba dividida en tres salidas, opté por la que se veía más amigable y con animales menos peligrosos, al cruzar la división una señora sonriente con vestimenta de exploradora me entregó en la mano un alimento un poco extraño para dárselo a los animales de esa zona, me dijo que era trigo con pequeños gusanos, no se veía asqueroso y creo yo, esa sección era la más tranquila de todas.

Mis amigos se fueron por la segunda división y cuando yo estaba terminando de recorrer la zona que escogí, los vi de lejos haciéndome señas para que me uniera con ellos.

Los tres estaban parados en una vitrina enorme que contenía más gorilas y dentro de ella se observaba un señor conviviendo con los animales y acomodando paja en el suelo, él estaba vestido de explorador con la camisa abierta mostrando grandes músculos, me pareció el típico extranjero Australiano que sale en documentales hablando del reino animal y recorriendo todo el planeta para su programa.

Me quise acercar un poco más al cristal divisorio ya que de mi lado el vidrio se encontraba un poco manchado por residuos de agua, pero para mi gran sorpresa, al pegar mis ojos al cristal la silueta del señor cambió por completo. El musculoso supuesto Australiano se había convertido en un alemán panzón y calvo, la edad podría decirse que era la misma, pero la ilusión óptica de aquellos cristales lo hacía ver muy atlético a como en verdad era. Los gorilas también cambiaban pero no demasiado, no se notaba mucha diferencia, nada de qué preocuparse, mi único asombro fue el cambio radical de la persona que estaba tras el cristal.

Estuve a punto de mostrarles a mis compañeros mi descubrimiento cuando vi que aquél cuidador cargaba 2 cubetas con alimento para los gorilas. En ellas se podían ver pedazos de carne extrañamente cortados. Y yo que pensaba que los gorilas no eran carnívoros.

Al ir esparciendo el alimento me encontré con formas muy parecidas a unas manos y piernas humanas, el pecho me dolió terriblemente y me quedé sin aliento. Me alejé del cristal para ponerme de cuclillas y lograr recobrar el aliento, mis amigos se acercaron de inmediato y se preocuparon por mi semblante. No podía hablar, mi boca no emitía ningún sonido y mi corazón seguía latiendo a mil por hora.

El personal del lugar se percató de mi malestar y como pudieron me llevaron al final del recorrido que era una gran cafetería con mesas metálicas muy largas.

En cuanto pude hablar pedí salir de aquel lugar, tomamos nuestras cosas y nos fuimos lo más rápido posible, estando afuera pude contar la monstruosidad que había visto en el zoológico, mis amigos temblaron de nerviosismo e intentaron consolarme, yo solo pensaba que tenía que avisar a las autoridades, así que lo hice.

Caminamos algunas calles hasta que nos topamos con una patrulla y dos policías dentro, estaban vigilando el lugar pacíficamente. Al verme notaron que estaba muy nerviosa y pálida, de inmediato pusieron atención a mi relato.

Uno de ellos decidió ir a inspeccionar el lugar junto con nosotros, mientras que el otro policía estaría atento por si debía llamar a más refuerzos en el lugar.

Cuando llegamos, el policía pidió hablar inmediatamente con la persona a cargo del lugar, quería inspeccionar minuciosamente el zoológico.

Nos guiaron de nuevo hasta la cafetería y en las mesas esperamos mientras el policía inspeccionaba junto con el cuidador.

Tardaron unos 40 minutos, cuando volvieron vimos que el policía venía sonriendo junto con el cuidador, eso no podía ser muy buena señal.

El policía nos confrontó y dijo que en efecto, lo que había visto era cierto, pero que la razón para hacer tales cosas era un buen motivo, que él no tenía inconveniente con las actividades que se realizaban dentro.

El cuidador nos explicó todo, nos habló sobre la explotación de recursos naturales, la extinción de los animales y las cadenas alimenticias. Parecía tener un buen punto, sin embargo en mi interior mi intuición me estaba alertando.

Nos dijo que descubrió que los animales actuaban diferente porque ya no se sentían en peligro, las ofrendas de carne humana los habían transformado en algo más. Sus ideas sobre equilibrar la balanza de los seres vivos en la tierra sonaba lógico si le sumas la pasión con la que lo decía.

Obviamente, nuestro semblante de terror nunca cambió, así que cuando terminó de hablarnos sobre las maravillas de su zoológico y de sus ideales, una mirada macabra se apoderó de sus ojos.

Empezó a decir la típica frase “ustedes saben mucho, la curiosidad les ha ganado…”

Y tomándonos por sorpresa, con ayuda del policía y del personal del zoológico, nos tomaron rehenes y nos llevaron a una cuarto enorme con miles de instrumentales.

Nosotros nos intentábamos zafar a toda costa, pero nuestros esfuerzos fueron en vano.

Todo se nubló en un instante y el sonido de metal contra metal empezó a oírse por todos lados, los cuchillos se estaban afilando.


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