• Edgar, el coleccionista

El juego del tesoro

Era de público conocimiento el romance de dos personas casadas, y el despecho de sus respectivos cónyuges. Pero nadie intuyó que el amor prohibido terminara como aconteció. Hubo una panfleteada, luego de la desaparición de la pareja, incitando al pueblo a una "búsqueda del tesoro", donde hallarían un premio poco convencional, y un mensaje dedicado a los adúlteros.


Tuvo que imponer el comisario Contreras un toque de queda, para impedir a todos los curiosos que participaran del juego. Intuía un final trágico, y nos pidió a Tristán y a mí que lo acompañáramos en la búsqueda, en calidad de amigos, simplemente. Sabíamos que Contreras temía lo peor. También los esposos engañados habían desaparecido.


Y, en plena noche, mientras el pueblo entero, lleno de curiosidad espiaba tras las ventanas, leyendo al igual que nosotros las pistas del panfleto, llegamos al primer lugar del reto. ´´Las mascotas que tuvimos en común, y creímos prolongación de nuestro amor. ¿Qué mejor lugar de descanso que la plaza donde las paseábamos? Junto al prócer del pueblo. Y sí, al pie de la única estatua del lugar, cavaron los agentes, alumbrados con linternas, donde la tierra estaba removida. Encontraron a un pobre perrito y a un viejo gato degollados, atados juntos. Se me revolvió de ira el estómago. Los animalitos no tenían la culpa de nada. Esa salvajada nada bueno podía presagiar.


´´Las maletas con la ropa con que pensaban huir. Y el dinero que robaron de las cuentas familiares. Que lo aproveche el que lo encuentre, en el lugar de los pecados más costoso. No tuvimos que pensar mucho para decantarnos por el hotelucho de citas menos vulgar, y más alejado del pueblo. En el jardín del motel por horas, efectivamente encontramos las maletas. Tanto la ropa como la plata estaban absolutamente empapadas en sangre. La cosa iba de mal en peor.


´´En todo crimen, existen cómplices encubridores que se hacen llamar ´amigos´. Acá está el ejemplo del destino de estos ingratos, que siempre terminan hablando de más. Y acaban en la vía. Hacia las vías abandonadas de un ramal de trenes que ya no atraviesa el pueblo, nos dirigimos en silencio. Un montículo nos indicó el lugar apropiado. No tuvieron que usar mucho la pala los agentes. Apenas estaba cubierto por una capa de tierra el cadáver de un amigo en común de las dos parejas.


Aunque no se podía saber de buenas a primeras la causa de la muerte, el gesto de horror denotaba que lo habían martirizado. Le faltaba la lengua, que, por la enorme cantidad de sangre, seguramente había sido arrancada en vida del pobre infeliz. En su boca tenía un papel enrollado, donde a duras penas se lograba leer: ´´traidor, mentiroso y alcahuete´´. Tuvimos que darle ánimo a Contreras y sus muchachos. El juego macabro se estaba transformando en una pesadilla horrenda.


´´Al fruto del pecado, por el que huirían los infieles, se tiene que arrancar de cuajo. Y pese a su destino de no nacer, se hallará en un lugar de nacimientos. Con los pelos de punta, nos llegamos a la maternidad. En el terreno trasero del predio, una cruz blanca nos indicó el infausto sitio. Encontramos un feto muy pequeño, apenas formado. Nos paralizó el horror al imaginarnos a alguien arrancando del vientre de la madre al malogrado niño.


´´No separaremos a aquellos que eligieron estar juntos por sobre todo el sufrimiento ajeno. Por el contrario, los unimos más. Y para no ofender a Dios, se encuentran en el lugar correcto, pero olvidado. -¿Entienden ustedes a qué se refiere esto con lo de ´´correcto, pero olvidado´´? Antes de que se me ocurriera la respuesta, Tristán contestó con un hilo de voz:


-El lugar correcto para los muertos es el cementerio. Y con lo de olvidado, puede tratarse del antiguo camposanto, adentrado en las afueras, que quedó en desuso con el crecimiento del pueblo…Pocos recuerdan ese sitio ahora. Hasta allí nos desplazamos. Entre lápidas destruidas, y monumentos mortuorios enmohecidos y mutilados, bajo un ángel con las alas rotas, hallamos los cuerpos de los amantes. Yacían desnudos, al descubierto. Ella mostraba la bestial incisión que se le practicó en el vientre para desarraigar a su hijito. Tenían las cabezas cambiadas, cosidas toscamente en el cuello ajeno. La escena era horrible. Y aún no terminaba. Quedaba una pista más.


´´Ya no nos queda propósito en la vida, ejecutada nuestra justicia. Somos el reflejo de lo que merecen los que traicionan el amor y la confianza. Nos quedamos donde se simboliza el pecado original. Nos miramos confundidos con Contreras. Nuevamente la voz cascada de espanto de Tristán nos ayudó:


-Posiblemente hablen del término bíblico, que asocia a Eva y la manzana. Y hay un solo manzano en el pueblo. Está en la granja abandonada, cerca de aquí. De niño solía sacar fruta de allí. Efectivamente, en el viejo manzano que integraba una granja en ruinas, yacían colgados de una gruesa rama horizontal los esposos agraviados y lunáticos que decidieron la espantosa y terrorífica venganza. Un desapacible viento hacía oscilar los cuerpos, con los rostros ennegrecidos y las lenguas afuera de los despiadados. Los bancos a los que se habían subido para matarse yacían tirados bajo sus pies.


-Gracias a Dios, acá se termina el juego, amigos. Me espera una larga jornada con los forenses, cercando y fotografiando los lugares de los hallazgos, y toda la papelería para procesar este horror.


´´Me ayudó mucho contar con ustedes. Díganme si puedo retribuir de alguna manera su amable generosidad. -Sé que no es muy correcto, Contreras. Pero cuando se termine de analizar cada prueba de este espantoso caso, le voy a pedir la cruz blanca, la que los dementes pusieron en la tumba del niñito. ´´La vamos a usar para rezar por tantas almas doloridas y sufrientes, y para rogar perdón y alivio ante este horror.


-Por supuesto, Edgard. Y aunque con usted está de más decirlo, le ruego discreción. Ni Tristán ni yo abrimos la boca de lo sucedido esa nefasta noche,pero ´´el juego del tesoro´´ trascendió misteriosamente, y con lujo de detalles por todo el pueblo. Aquellos que estaban viviendo aventuras extramaritales, presas del terror, se abocaron a reconstruir hipócritamente una vida ejemplar. Las trabajadoras sexuales tuvieron que migrar a otros pueblos, ya que sus habituales clientes temían hacer usos de sus servicios. Los hoteles de citas pasaron la peor crisis económica de los últimos años. El comisario Contreras cumplió su promesa, y al terminar la terrible investigación, me cedió la cruz blanca, que hoy forma parte de mi colección. Rezamos mucho con Tristán para lograr que las almas torturadas alcanzaran la luz. Jamás podré justificar la venganza salvaje y encarnizada de los despechados, pero puedo dejarles un consejo, mis amigos: si algo nos puede rescatar de la locura, es la verdad. Si nos manejamos con mentiras y engaños, nada bueno obtendremos a cambio. Los espero en La Morgue con mi colección de historias. Si no les apetece venir, recuerden que de todos modos, tarde o temprano, alguna vez llegarán aquí. Un cordial saludo de este servidor.



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