• Edgar, el coleccionista

El jardín de huesos

Hola, mis queridos amigos. Quiero contarles de un doble velatorio que me tocó oficiar. Vino el comisario Contreras a informarme que me habían encomendado realizar la despedida de la señora Gardenia, y su esposo, Gregorio.


¿Por qué viene usted a pedírmelo, comisario?


Verá, Edgard. No son circunstancias normales. Por protocolo, estos cuerpos, una vez procesados por la policía, deberían ser enterrados sumariamente, sin velarlos. Lo que ocurre, es que pidió por el ritual la madre de Gardenia, una mujer grande, enloquecida con la idea de que enterraran a su hija sin velarla.


Creo que tiene una historia para contarme, Contreras.


Así es, Edgard. Necesito hacerlo. Es todo muy triste y retorcido. Gardenia eran una hermosa enfermera que se enamoró muy joven de Gregorio, un visitador médico guapo y simpático.


"Durante todo el noviazgo se comportó como el príncipe soñado por cualquier jovencita. Una vez que se casaron, todo cambió: el cuento de hadas, se transformó en uno de terror.


"Gregorio dejó de lado toda clase de galanterías y sutilezas, dejando muy en claro que la bella Gardenia era de su propiedad, y que se debía en cuerpo y alma a servirle y atenderlo. Lo demás, sobraba.


"La primera imposición que puso a su esposa fue que dejara de ejercer la profesión que tanto ella amaba. Gardenia, cada tanto consultaba con su madre respecto al cambio abrupto que había dado su vida y la transformación de su marido en un ogro mandón.


"La mamá le ordenó que acatara los deseos de su esposo. Era lo correcto. No debía humillarlo con otro ingreso que opacara su misión de proveedor. La muchacha no podía creer la visión de su mamá. Pero comprendió que no conseguiría apoyo en ella. Y Gregorio no le permitía tener amigas.


"Su vida se tornó muy gris. Lo único que la distraía un poco de su tristeza era cuidar un hermoso jardín que logró hacer prosperar en el jardín de su casa.


"Gregorio se impacientaba cada vez más al no llegar los hijos que deseaba para completar su ideal de familia, y se lo reprochaba muy violentamente a Gardenia, quien, desesperada, acudió al médico para ver si podía quedar embarazada pronto.


"Como todos los estudios salieron normales, por recomendación del médico le sugirió a su marido que también acudiera a la consulta, para ver si había alguna disfunción en su fertilidad. Eso desató en él una furia sin igual. Herido estúpidamente en su hombría, empezó a aplicar periódicas golpizas a la pobre Gardenia.


"Una vez más ella acudió a su madre pidiéndole asilo y ayuda. No deseaba vivir más con ese hombre que desconocía. La madre, para su total horror, avaló la conducta de Gregorio, contestándole que debía mejorar como esposa y no provocar la ira de un jefe de familia. No recibiría a una mujer huida de su casa, como apoyo de quien quedaría ante los ojos del mundo como una prostituta.


"Desolada, la chica se dedicó con alma y vida a su jardín, cada día más bello y florido. Las golpizas se hicieron algo frecuente. Un día, Gardenia encontró una marca de labial en la camisa de su esposo, que había empezado a llegar tarde a casa.


"Con una saludable furia que se desconocía, lo persiguió furtivamente una jornada, descubriéndolo salir del hospital donde ella trabajaba antes de casarse, con una enfermera, a la que besaba entre risas, mientras le entregaba una caja de regalo.


"Con la ira oprimiendo su pecho, reconoció a quien fuera su mejor amiga, como la amante de su tiránico esposo. Con gran calma regresó a su hogar. Buscó en una caja un fármaco y preparó una inyección. Esperó atrás de la puerta con una paciencia helada.


"Cuando Gregorio, a deshora, abrió la puerta, sintió un pinchazo en el cuello antes de desvanecerse. Cuando despertó, estaba amarrado en el sucio sótano de la casa, que no utilizaban por las filtraciones de humedad.


"Se hallaba sobre un sillón apolillado, maniatado y amordazado. Atontado aún, no entendía qué había ocurrido. Gardenia, lo miró críticamente. Sin decir una palabra, le hizo un torniquete en la pierna y luego se la cortó con una sierra.


"Gregorio se desmayó del shock. Ella le inyectó lo necesario para que sobreviviera semejante trauma. Despojó laboriosamente la pierna amputada de su carne y, cuando quedó el hueso bien limpio, lo plantó en el jardín, como si fuera una flor exótica.


"Para no hacer muy larga la historia, Edgard, le diré que la chica fue mutilando al infeliz y plantando sus huesos en el jardín, hasta que el tipo falleció. Por desgracia para él, era muy resistente, y aguantó vivo lo suficiente como para que Gardenia lo despojara de piernas y brazos. Muchos huesos fueron retirados del patio.


"Cuando el tipo murió, Gardenia se hizo un test de embarazo, que dio positivo. Después de eso, se colgó de una viga del sótano, muy cerca del torso mutilado de Gregorio. La mayoría de las cosas que le cuento, surgen de deducciones que tomé, luego de una minuciosa investigación.


No comprendo. ¿A nadie le llamó la atención la ausencia del hombre en su trabajo? ¿No sorprendieron los huesos del jardín? ¿La madre no la contactó en esos días?


Gardenia había llamado al trabajo del marido avisando que debía viajar por el fallecimiento de su padre. Los vecinos, Edgard, jamás denunciaron el maltrato del que fueron testigos tanto tiempo. Dudo que quisieran involucrarse con cualquier cosa que les implicara problemas. Unos cobardes despreciables. Los considero cómplices de la tragedia de la muchacha.


"Y hablando de cómplices, fue la madre de Gardenia quien los encontró, y nos informó de la brutal circunstancia. Después de intentar contactarse con su hija durante varios días sin éxito, se tomó su tiempo para decidir acercarse a la casa, de la que tenía un juego de llaves.


"Vio los huesos en el jardín sin entender qué eran. Entró en la casa buscando a su hija y le llamó la atención la sangre que manchaba la cocina. Siguiendo el grueso goteo, abrió la puerta del sótano, donde halló a los occisos ya en estado de putrefacción.

"Nos llamó de inmediato. Y nos hizo prometer que la pareja tendría una ceremonia completa de despedida. Según ella, nadie debía separar lo que Dios había unido. Cuando investigamos los detalles de la macabra historia, tenía ganas de arrestar a esa mala mujer, una total hipócrita desamorada. Ella misma nos contó, en declaración, cómo le había dado la espalda a la muchacha. No hubiera detonado así su cabeza, de haber tenido el apoyo de su propia madre.


"Así que será una ceremonia doble, Edgard, y a cajones cerrados, como es obvio. Esa vieja bruja dejó el costo de todo dispuesto para ello. Le cuento el último detalle: Gardenia usó la carne de Gregorio como fertilizante en su jardín. La encontramos allí, putrefacta. Funcionó muy bien con los rosales.


"Y una cosa más. No es lo más correcto, pero me pareció adecuado. Este es un pequeño huesito de la mano de Gregorio. Soy muy de presentimientos, y se me puso que usted apreciaría este, digamos, poco convencional ´souvenir´.


Y no se equivocó el buen comisario en eso. Ni tampoco en decir que quien calla un hecho de violencia, se transforma, automáticamente, en cómplice de ella. Ya no es tiempo de callarnos, mis queridos amigos.


Los espero como todos los sábados, en La Morgue, para contarles nuevas historias de mi colección particular.

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