El último cuento

Este es el último texto que mis manos te van a escribir.

El Diablo me encontró hasta esta esquina del mundo donde me escondí, entre sombras y entre el miedo, y aun así me encontró. Por más que mis lágrimas le suplicaron, Él decidió romper los huesos de mis manos y dejarme aquí, sin poder escribirte más y sin poder buscarte nuevamente.


Con una pluma entre dos dedos fracturados, me senté a escribirte un cuento sobre cómo descendí al fondo de la tierra en tu búsqueda, de cómo peleé contra miedos ajenos para defender tu existencia, y aun así, al día de hoy, entiendo que es la despedida.


Sé que si el Diablo vino a romperme fue para evitar que mi cuerpo se entregue totalmente a la incertidumbre, él pone la duda en nuestras cabezas y colocó una semilla que me ha consumido desde las entrañas y ha encontrado la forma de cambiar mi perspectiva de este mundo.


Mientras caminaba hasta acá mi cuerpo se comenzó a deformar, de mi espalda salían alas y ahora, de mis manos rotas empiezan a formarse garras. Estoy segura de que no me reconocerías ya, y también de que yo no quiero que lo hagas. Ahora pertenezco a un mundo ajeno, al mundo de los monstruos y es aquí donde mis huesos volverán a sanar.



La pluma cayó de la mano del monstruo, su rostro comenzó a deformarse también y así, entre las sombras se perdió como un ser más que habita la oscuridad. El cuento yacía sobre la tierra, misma que lo comenzó a absorber, sus palabras se volvieron pasto hasta que de ahí pronto saldrá vida nuevamente. Cada una de sus palabras serán una despedida que se convierta en una bienvenida para alguien más.

Algunas veces los monstruos aparecen en este mundo sólo con la finalidad de plantar sus ideas, hacerlas crecer y luego desaparecerse entre las sombras como espectadores de un mundo con sol, un mundo al que ellos ya no pertenecen.



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