Diario de la Señora V

De la historia vivida me quedo con el sentimiento del vacío, con la incomprensión. ¿Para qué? ¿Por qué? Mantener el origen del recuerdo era cada vez más difícil. ¿Cuál era el color de sus ojos? ¿Su aroma? Rasgos y detalles que no puedo ya recordar. Hay quienes pretenden olvidar y quienes nos aferramos al recuerdo.

Tenía sobre la mesa del comedor un libro que nunca había visto, “La imposibilidad de la posibilidad”. Así comenzó nuestra charla sobre la posibilidad de convertirme en una afamada directora de orquesta y la imposibilidad de serlo. No recuerdo que mis comentarios le causaran gracia ni curiosidad, sin embargo, ahí estaba. Viéndome con sus ojos grandes e inexpresivos. ¿Quién es? ¿Por qué su mirada no expresa nada? Bajo esas dos interrogantes decidí no irme.

Después de la comida, me sirvió un gin. Bebida que no me agrada. Tomé cinco. Me explicó lo qué se dedica y que su estancia sería breve. Después llegó el silencio y las miradas. Tomé mi bolso, Con permiso y me fui.

El teléfono sonó a las diez treinta de la noche. Me encontraba perdida en el sueño ocasionado por las ginebras. Abre y abrí la puerta. ¿Quién había encontrado a quién? Durante semanas fue la interrogante sin respuesta la que persiguió mi cabeza.

Sé que hubo señales para irme, para que no quedarme como hoy quedo. No puedo apartarme de los recuerdos. ¿De qué color eran sus ojos?






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