• La Chica Llamada Cuervo

Cómo matar a un monstruo

Desde que Edgard llegó a la Morgue ha organizado los velorios más divertidos, el lugar se sentía, vivo, por decirlo de alguna manera.


Al inicio yo los veía de lejos, luego me invitó a participar en uno, me había dicho que en ocasiones pasaban cosas sobrenaturales así que no me pude negar.

Me cubrí el rostro, por obvias razones, con un velo negro y me senté al final del velorio a escuchar los rumores de la gente que asistía.


Entre todos los humanos que me ignoraban, uno me reconoció, era como si pudiera ver detrás de mi velo. Me sentí incómoda y traté de irme pero había algo en él que me llamaba mucho la atención así que no me fui. Verán, ese siempre ha sido mi error: no confiar en el instinto.


Cuando el velorio hubo finalizado Edgard acompañó a la familia a la entrada, pero el humano seguía ahí a unos metros de mí viéndome.

Me levanté para irme y sentí su mano sobre mi brazo. ¿Era real? ¿podía verme?


Él intentó quitarme el velo, pero no se lo permití, caminamos fuera hacia el jardín en silencio. El corazón del Cuervo palpitaba muy fuerte dentro de mí, no sabía si estaba asustado o emocionado, de nuevo, no lo quise escuchar.


Una vez afuera él tomó mi mano y entonces caí, levanté mi velo y lo dejé verme. Él no huyó, al contrario, se quedó viéndome fijamente y entonces tomó una foto. Sentí como todo mi cuerpo se debilitaba, él empezó a reírse y seguía tomando más y más fotos. El Cuervo se enojaba cada que sentía la luz de la cámara sobre nosotros. Entonces llegó Edgard y con sus manos volteó su cuello hacia atrás.


Le pedí perdón por haber arruinado la tarde, él se rió, dijo que le serviría para su colección y se llevó el cuerpo cargando.

Yo tomé su cámara y la llevé a mi habitación, ahí, escondida busqué las fotos. Era la forma de verme a través de sus ojos, vi mi rostro con un cuervo encima, vi la máscara deformándome y el miedo en mi mirada. Así es como él me veía y entonces entendí la advertencia: algunos humanos saben cómo matar a un monstruo, es por eso que son peligrosos.

Días después inició otro velorio, Edgard me pidió que lo acompañara, esta vez no me escondí, dejé que el Cuervo entrara y con toda la ira que lo dominaba cubrió el lugar con sus oscuras plumas y juntos sacamos los ojos de quienes nos juzgaban. Fue el mejor velorio que hemos tenido hasta hoy en la Morgue.




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