Antes de dormir

Ayer en la noche desperté y vi cómo el Cuervo dormía bajo mi cama.

Vi sus plumas negras extendidas en el suelo y sus garras aferrándose a mi colchón, entonces le pedí que durmiera conmigo y él accedió.

Ahí estábamos los dos, yo a lado de él sintiéndome diminuta y él siendo ese ser gigante y lleno de oscuridad que no habla. Decidí no hablar por unos minutos pero sentí la tristeza en él, el miedo... entonces comencé a contarle una historia, un cuento antes de dormir.


Le hablé sobre mis sueños, sobre cómo cada que duermo mi cuerpo se transporta a otro lugar y ahí es donde más libre soy, lo vi viéndome fijamente y sentí cómo la tristeza se distraía un poco; en un momento me quedé dormida a su lado.


Cuando desperté, el Cuervo me había atravesado el pecho con su pico. Salía sangre de ese espacio que había creado, había perforado totalmente todo mi pecho y ya no tenía corazón. Le pregunté por qué lo hizo mientras trataba de llenar el vacío con mis manos, él no respondió, sólo me cargó y me llevó a una caja donde guarda todas sus muñecas rotas.



Soy la del pecho perforado, la que no tiene corazón porque él ya lo mutiló, soy la que tiene ojos que recuerdan haberlo visto en mi cama, en silencio escuchando historias a lado mío.

La caja está llena de muñecas, algunas no lo recuerdan, otras le temen, pero todas tenemos una herida que nos rompió y nos trajo aquí, a este espacio tan reducido del que ninguna sabe salir.

Es como si todos nuestros sueños cupieran en este cartón y él pudiera cerrar la caja y guardarnos. No sabemos cuándo volverá o si es que acaso algún día la caja se volverá a abrir, pero esperamos porque es lo único que nos queda por hacer cuando nos han guardado en la oscuridad.






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