Amor muerto

La sangre se incrustraba en las manos y dientes de Ofelia, pero ella parecía no notarlo, seguía creyendo que nadie ni nada la podían detener.



Algunos meses atrás, tal vez tres, Ofelia recibió un diagnóstico terminal: su vida se estaba acabando y ella no podía recordar un momento feliz. Caminó al parque con la cabeza agachada, contaba sus pasos, medía la distancia, pero nada de eso le daba algun indicio de cómo vivir ese día.

La vida no viene con un manual, no hay nada que nos indique cómo pasar los días sin que se pierdan completamente de nuestra memoria y era justo esa parte del cerebro la que Ofelia estaba perdiendo. El médico le había confirmado que el daño comenzó como una mordida que se expande como una bacteria. La saliva corrió por su cráneo y se incrustró en el cerebro borrando cachos de memoria, ya no recordaba quién la había mordido, sólo sabía que algo importante iba a pasar en ese parque.


Los pasos de Ofelia se detuvieron al llegar a la banca del parque, su banca preferida, una frente a los edificios de departamentos.


El doctor dijo que los antibióticos no pueden combatir esta infección, es sólo cuestión de tiempo...

Tiempo, memoria...ahora esos conceptos parecían tan valiosos.

Ofelia tomó asiento en la banca, suspiró mientras se sostenía la cabeza con dolor, cada vez pesaba más de un lado y se sentía hueca del otro lado.


-Así pasa cuando una parte de tu cerebro se deshace - dijo una voz al lado de ella. - Calma chica, es sólo el proceso.


-¿Proceso de qué? - respondió ella al aire sin mirar el cuerpo en descomposición que se acercaba atrás de ella.


-Proceso en que te vuelvas mía. Lo que está muerto no puede volver a morir


-Y sólo el amor muerto perdura- respondió ella en automático. Esa frase estaba casi tatuada dentro de ella, había aprendido a anunciarla, aún cuando su significado era tan desconocido para ella.


El cadáver avanzó unos pasos más y se sentó a su lado, tomó su mano, de la de él se podían ver los tendones estirándose, él la tomó con fuerza mientras que ella procuraba que su cabeza no se desprendiera del cuello.





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