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Ojos

Daniela era ciega de nacimiento.

Sus grandes ojos casi grises estaban "vacíos", o al menos eso creía la gente que la conocía al notar que no podía verlos y que su imagen moría ahí. Todos se sentían así, vacíos sin alguien que reflejara su presencia; pero estaban equivocados, sus ojos estaban muy lejos de estar deshabitados, de hecho, había mucho dentro de ellos. La oscuridad y la luz eran sinónimos para la chica, así como las sombras de quienes se acercaban, por ende, el convivir con los demás tenía muy poco sentido, ella se había enfocado mucho más en su interior, ya que, dentro de sus ojos había una puerta a otro mundo; una diminuta puerta gris, que si se abría, podía dar acceso a un universo de seres ajenos a lo humano, y con mucha hambre de conocer el mundo exterior, así que Daniela tenía que asegurarse de nunca abrir la puerta. Mientras que la chica seguía con su rutina de cuidar celosamente ese acceso, la gente a su alrededor no respetaba su silencio, ni su distancia, así que decidían perturbarla. A menudo una persona se pondría justo frente a ella para comprobar si lo esquivaba, al ver que no lo hacía, las risas se expandían por todo el lugar, y entonces, decicían seguir al siguiente paso, que era tratar de perturbarla más. El juego fue escalando, llevándola a tener contactos innecesarios con gente que anhelaba tocar su rostro o su piel con tal de ver su reacción, sin embargo, la chica continuaba ensimismada y trataba de evitarlos, pero para ellos, esto a penas comenzaba. En un momento, una chica que veía el juego de lejos decidió experimentar aun más.

Y, ¿qué pasaría si la ponemos frente a un espejo? - preguntó señalando a Daniela

Nunca lo hemos intentado antes - respondió uno de los hombres en el lugar.


Tras esta aclaración, ambos dirigirla a una tienda de espejos, mientras que la emoción se desbordaba de su cuerpo. ¿Qué crees que vaya a pasar? - Preguntó ella mientras acomodaba a Daniela frente un espejo de cuerpo completo.

No sé, pero espero que algo bueno - respondió él mientras le acomodaba el cabello para descubrir sus ojos casi secos y grises. Ambos la dejaron frente al espejo y dieron dos pasos atrás. En ese instante, algo en el espejo se rompió, la mirada de Daniela se posó frente a su reflejo y la pequeña puerta tras de sus ojos se abrió liberando a toda su población dentro. De sus ojos escurrían lágrimas espesas y negras, eran ellos escapando.

Las lágrimas densas comenzaron a caer al suelo, y el espejo tronó mientras se rompía frente a ella. Todos en la tienda entraron en pánico al ver la sustancia negra y viscosa que se esparcía por el suelo y que comenzaba a trepar por sus cuerpos, poco a poco los integrantes del otro mundo encontraban su camino dentro de sus ojos.

Al cabo de unos minutos, todos ellos tenían los ojos grises, su visión se había cegado y su mirada parecía vacía.

Daniela, quien continuaba frente al espejo, por primera vez se vio reflejada en él, aun así, son ojos en sus cuencas, vio su ser cubierto en sus lágrimas negras y en su propia sangre, y no aguantó verlo más.


 

Cuando Daniela llegó a la Morgue nos dijeron que ella sola se había cortado la garganta con un vidrio del espejo, de hecho, su mano todavía tenía el vidrio.

Abrimos su bolsa negra y vimos ahí, el lugar donde debían de estar sus ojos y por primera vez, Daniela sonrió.

A la fecha asegura que todavía no puede ver, pero yo sé....sé que ella sí me puede ver porque a veces, cuando la veo sentada en una silla, sé que me está viendo desde la oscuridad donde habita y sé que desde allá, aún me sonríe.




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