El Vagón

Hoy salí tarde de la escuela, al parecer al profesor no le importó pasarse varios minutos de su clase hablando de dimensiones desconocidas.

Mientras los demás hablaban sin parar sobre sus planes del viernes, yo fui la única en poner atención y participar una que otra vez, siempre me han interesado este tipo de temas y he tenido una que otra duda al respecto.

En mi trayecto al metro todo fue muy solitario, por lo regular siempre hay estudiantes yendo y viniendo por estas calles, pero sin ellos todo parece diferente, además el clima no ayuda, han empezado los frentes fríos y voy tapada de pies a cabeza lo cual no me permite mover tan ágilmente.

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Subí al último vagón donde siempre me gusta ir sentada, en el lugar más escondido de todos, es mi favorito porque puedo observar todo sin que me vean y sentirme invisible por un momento.

Sólo hay otras tres personas a parte de mí, pero poco a poco se van bajando y de un momento a otro me quedo sola. Nunca había sentido que el transporte fuera solo para mí, me siento bien, me agrada esta sensación de independencia, es curioso que sea el mismo camino a casa porque no me siento como suelo hacerlo.

Después de varias estaciones hundida en mis pensamientos me paro para mirar por la ventanilla el túnel y las luces que siempre emanan de los lados. Me percato que no estoy realmente en el mismo vagón. Por dentro no ha cambiado, pero por fuera ha salido a la superficie sin que me diera cuenta.

Lo primero que noto es el cielo gris y verdoso, cuando recuerdo haber salido de la escuela por la noche. Hay montañas y montañas de cuerpos putrefactos por todos lados, autos abandonados y oxidados, basura y objetos que parecen llevar años sin que alguien los haya movido, todo está regado. Veo ruinas donde pudo haber edificios, están carcomidos, viejos y muchos de ellos llenos de lama verde.

Estoy en shock, no logro comprender qué es lo que ha pasado. No hay forma de bajarme del vagón y mi celular parece haber muerto, empiezo a desesperarme y el tren sigue avanzando.

Mientras tanto no dejo de observar los lugares por los que voy pasando, todo lo que hay alrededor está muerto.

Las lágrimas empiezan a brotar por mis mejillas cuando reconozco aquella fachada azul, ¡Es mi casa! ¿Mamá, papá? ¿Qué ha pasado, dónde estoy? ¡Que alguien me explique!

Empiezo a gritar y a golpear por la ventana, si alguien está por ahí espero que pueda verme y sacarme de aquí, aunque sería imposible a la velocidad que se mueve el tren.

Ya ha pasado mucho tiempo, no paro de llorar y gritar desesperada, de repente siento que voy bajando de nuevo al túnel subterráneo, veo una estación, el tren baja la velocidad y se abren las puertas, salgo lo más rápido posible y él está ahí, esperándome de pie con su traje y su sombrero, es mi profesor.

Me extiende la mano y me invita a sentarme con él un rato. Está listo para contestar varias de mis preguntas.

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