El Huésped, final

Al abrir los ojos primero el humo se metió en ellos y llegó hasta mi cerebro. Era un ser bastante fuerte y había encontrado la forma de implantar ideas en mi cabeza. Quería pelear contra él pero sacaba voces e imágenes que hacían dentro de mí, tenía todo el control; fue entonces cuando entendí: no podíamos pelear contra algo que era parte nuestra, teníamos que aceptarlo y dejarlo ir.

Lo miré fijamente y dejé que todo el humo entrara en mi cuerpo y succionara mis ideas, estaba llena de Pasado, llena de tristeza, pero sobreviví. Volví a ver esas escenas de cuando enterramos a la inocencia en el jardín, de cuando la chica se negó a venir conmigo y del trauma, el dolor que nos había traído hasta acá a todos. Me dejé ahogar por esas emociones hasta que poco a poco mi cabeza se fue despejando, sentí cómo exhalaba todos los recuerdos pare llenarme de lágrimas espesas que me cubrían el rostro.

Vi que los demás monstruos empezaban a abrirse, a tocarlo y llenarse de su pasado, todos lo absorbimos y dejamos a ese ser sin vida caer en paz. Ya era más el caparazón de un monstruo que uno de nosotros, se había dejado ahogar hasta que ya no quedaba nada más que él; lo enterramos en el jardín con una placa de metal donde decía que al fin era libre, libre de dolor.

Sabemos que el Pasado no se fue realmente, aunque los muros volvieron a su normalidad y se cayó la viscosidad que los cubría, sabemos que la luz volvió pero la oscuridad nos sigue acechando, en algún momento de debilidad se aprovechará para dominarnos y dejarnos como ese monstruo que yace en la tierra, pero por ahora volvimos a dormir tranquilos sabiendo que si vuelve sabremos cómo afrontarlo y volver a ser libres.

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