Querida Tristeza

Te escribo esta carta con la esperanza de que al leerla me sientas a mí atravesada en estas letras.

Hemos sido tan amigas desde el inicio que ya al mundo le cuesta trabajo vernos sólo como eso, "amigas". Me hubiera gustado más referirme a ti como mi amante, como esos seres voraces que se meten debajo de la piel y anidan ahí, eso es más parecido a lo que tú has sido.

Hice un hueco entre mis costillas para dejarte entrar, te sentí en mis pulmones mientras que mis suspiros se volvían lágrimas, ahí es cuando supe que te estabas alimentando de mí. Eras como una hija que en vez de crecer en mi vientre encontró su camino por mis huesos y nunca se fue.

Te he llegado a querer tanto, aunque a veces no lo demuestro, ya sabes cómo somos los amantes a veces de rencorosos, no lo decimos pero el amor florece en nuestro interior; un amor, que en este caso, te dio vida.

Muchas veces te han tratado alejar de mí, me dicen que haces daño y que de tristeza la gente se muere, pero no los dejo, a escondidas sigo diciendo tu nombre y vuelvo a sentirte moviéndote debajo de mi piel.

Parece que ellos no entienden de amor, no entienden de dolor, son ciegos, pero yo sí sé ver y créeme que por más vida que conozca nadie me alejará de sentirte sentada en mis costillas esperándome al anochecer.

Te escribo para que no creas que te he olvidado, para que cuando me extrañes leas mis palabras y te sientas acompañada nuevamente, Tristeza: yo te llevaré conmigo hasta la muerte.

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